Get Adobe Flash player

El cementerio de barcos de Chittagong

Hoy no voy a tratar de ningún barco naufragado, ni de ninguna tragedia marítima, tampoco voy a hablar de un cementerio al uso, hoy voy a ir más allá, cuando un barco naufraga o desaparece ya sabemos a dónde va a parar, al fondo del mar, o se va destruyendo poco a poco en él, pero en esta ocasión voy a hablar de todos aquello barcos a los que les ha llegado la hora de desaparecer, cuando ya no sirven para nada, ¿a dónde los llevan?, pues bien, buscando he encontrado la respuesta y he dado con un lugar sobrecogedor a donde van a morir los barcos cuando nadie los quiere, UN CEMENTERIO DE BARCOS… estoy hablando de Chittagong, en la India, concretamente en Bangladesh.

Con una población de 144 millones de personas y un territorio de 144.00 km2, Chittagong es una ciudad ubicada en la parte oriental del país asiático, cerca de la frontera con Birmania, en su costa se encuentra el puerto, el más importante del país y clave en las exportaciones de Bangladesh al exterior.

En este enclave se encuentra una industria que se dedica  al desmantelamiento de grandes barcos. A lo largo del año cientos de grandes barcos, entre los cuales principalmente se encuentran petroleros, buscan un lugar donde poder ser desguazados; por lo general los países que tienen este tipo de industria metalúrgica tienen un denominador en común, la pobreza, de hecho la industria que se dedica a ello se trasladó de los países industrializados hacia el sur de Asia, donde la mano de obra es más barata y las leyes de protección del medio ambiente son más liberales.

Parece ser que todo comenzó en 1964, cuando una tormenta arrastró un carguero a estas playas y los habitantes del lugar lo desmantelaron; desde entonces y hasta hoy, las llamadas "acerías" en Chittagong se han extendido a lo largo de 10 Km. de playa y agua poco profunda, en ellas se introducen los barcos para, tras desmontar lo que aún sea de alguna utilidad, (se llegan a pagar hasta 25000 $ por una hélice de un gran buque) se cortan en pedazos.

En este lugar puede llegar a producirse hasta el 80% del acero que el país demanda, y todo ello aun utilizando medios de lo más rudimentarios, pero de una u otra forma emplea a cerca de cien mil personas.

La técnica es simple: cuando sube la marea, los barcos navegan a toda máquina hacia tierra firme para embarrancar en la orilla. El lugar donde se encuentra cuenta con unas condiciones geográficas excepcionales, lo que hace que haya una gran diferencia entre las mareas alta y baja. Esta circunstancia es aprovechada para que los barcos lleguen hasta cerca de la orilla cuando la marea esté alta y se queden encallados cuando la marea baja, por lo que no es necesaria ningún tipo de instalación humana adicional.

Entonces los trabajadores se encargan de inmediato de agujerear el casco para dar comienzo a la destrucción. Aunque el proceso de desmantelamiento de un gran buque puede llevar de seis a ocho meses, en estas playas se ven constantemente alrededor de 20 barcos embarrancados, cuando uno desaparece enseguida llega otro que ocupa su lugar.

De las condiciones de trabajo nos podemos hacer una idea: caídas, llamaradas, cortes...), no olvidemos que este trabajo lo realizan  con la única ayuda de sus propias manos y modestos instrumentos), la realidad es que los desguazadotes exponen su vida de forma  irracional con tal de tener algo que llevarse a la boca, por ello trabajan hasta 14 horas diarias y por un salario de apenas un dólar por jornada, pero sin lugar a dudas lo peor de este infravalorado trabajo es la presencia del amianto, utilizado como aislante en los barcos construidos antes de los años 70, los trabajadores lo manipulan, lo secan, lo cortan y lo venden en los mercados sin protección alguna, la exposición a las fibras de amianto es gravemente cancerigena, especialmente por la inhalación de las partículas que desprende.

Una vez que el buque ha sido reducido y no quedan más que pequeños fragmentos enterrados en el lodo, desde el amanecer hasta la noche, mujeres y niños de la zona barren la playa buscando estos pequeños pedazos de metal, que venden a los mercaderes de Chittagong.

Sin embargo, en este país no hay muchas opciones para la gente con menos recursos, por una parte esta la mendicidad, y por otra este tipo de trabajos infrahumanos, que al menos les garantiza un plato al final del día.

Bangla Desh es un espantoso ejemplo de la explotación humana por las mortales y degradantes condiciones de trabajo a las que son sometidos los trabajadores, aunque existe un movimiento para mejorar las condiciones laborales, pero difícilmente se podrá alcanzar un mínimo de seguridad. Chittagong es el mayor puerto de Bangladesh y el 50% de los grandes barcos del mundo se seguirán desguazando aquí.

Con los ingresos económicos que genera esta industria, ¿no podrían los empresarios facilitar unas medidas de protección dignas a estas personas?, ¿Un seguro médico que pueda garantizar una salud menos precaria?  Y ¿Unas condiciones laborales menos esclavizantes? Pues lamentablemente lo de siempre…