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La danza de la lluvia. Un timo que sigue vigente

Quienes tienen aproximadamente mi edad, recordarán aquellas eternas tardes de los sábados, viendo películas de “indios y vaqueros” en familia.

La cultura del salvaje oeste se adueñó de muchos momentos de la infancia de aquellos niños, que un día soñaban con ser ladrones de diligencias, al día siguiente, un soldado del séptimo de caballería, y una semana después, el gran jefe Caballo Loco.

Pero como ocurre con casi todo lo que toca Hollywood, muchas de las imágenes que nos quedaron grabadas, no se correspondían con la autentica historia de aquel periodo de la historia americana. A fuerza de verlos repetidos una y otra vez en la pantalla, hay tópicos que seguimos considerándolos como verdaderos a pesar de los intentos de los historiadores de sacarnos de nuestro error.

Precisamente, charlando con un amigo historiador, me contó una historia al respecto, que hoy quiero compartir con vosotros.

Seguramente, si preguntara sobre alguna de las estampas típicas de los indios, para muchos, la respuesta más recurrente sería “la danza de la lluvia”.

Realmente, esta ceremonia, realizada para invocar a la lluvia y asegurar buenas cosechas, era habitual entre las tribu.

No es un ritual exclusivo de estas culturas, pues ya en el antiguo Egipto hay constancia de ejemplos similares, y prácticamente todas las culturas que dependen de la agricultura para su sustento, han buscado métodos similares para asegurarse el favor de los dioses.

Para algunas tribus americanas, la lluvia que se conseguía con estas danzas contenía los espíritus de los antiguos jefes tribales, que al caer a tierra, se enfrentaban a los espíritus malignos en un plano intermedio entre la realizad y la fantasía.

La cuestión es que, al igual que ocurre hoy en día, hubo algunos timadores que utilizaron estas tradiciones en su propio beneficio, y se aprovecharon de la buena voluntad de aquellos que, necesitados de un poco de agua que aliviase la aridez de sus cultivos.

Cuentan cómo, en épocas de sequia, había supuestos hechiceros indios (muchos en realidad eran occidentales disfrazados) que recorrían los pueblos ofreciéndose para acabar con la falta de lluvia.

Su fama era grande, pues debido al sistema utilizado, siempre había alguien dispuesto a testificar que, efectivamente, tras el paso por su pueblo, habían logrado que las nubes descargaran, y en cambio, nadie podía quejarse de haber sido engañado.

En primer lugar, el supuesto hechicero se dirigía al alcalde, ofreciendo sus servicios, los cuales solo cobraría en el caso de que tras un periodo de tiempo que no solía superar una o dos semanas, empezara a llover.

Tras recibir el visto bueno, el hombre se alejaba y permanecía durante el tiempo acordado en algún lugar cercano, donde podía ser visto cantando y danzando.

En el caso de que no consiguiera su objetivo, simplemente recogía sus cosas y se dirigía al siguiente pueblo, donde una vez más, ofrecía sus servicios.
Pero en ocasiones, mientras el hechicero permanecía en las inmediaciones, una tormenta descargaba, momento en el que el hombre regresaba a la ciudad y solicitaba sus honorario.

Evidentemente, los pobladores, consideraban que realmente se encontraban ante un hombre con poderes, y no solamente le hacían entrega del precio acordado, sino que le solicitaban nuevos favores, que por supuesto, el hechicero cobraba a precios desorbitados.

Tan solo permanecía el tiempo necesario para sacar el máximo beneficio de un pueblo sugestionado, pues si se quedara mucho más tiempo en un lugar, era posible que alguien se diera cuenta del fraude.

Este mismo sistema es utilizado por algunos timadores en nuestros días, y solo hay que echar un vistazo a las secciones de anuncios por palabras de cualquier periódico, o mirar la televisión a altas horas de la madrugada, para ver a desalmados que utilizando mucha psicología, son capaces de hacer creer a sus incautas víctimas de que poseen poderes extraordinarios.

Hay autenticas mafias que actualmente trabajan en grupo con este objetivo. Por ejemplo, buscan personas necesitadas en las colas del paro, donde escuchan conversaciones para recoger la mayor información posible. Después, solo hace falta un encuentro fortuito, en el que un médium se acerque a la víctima, y usando esos datos recogidos por sus compinches, haga creer que realmente tiene poderes y desea ayudar a quien tanto lo necesita, y que desesperado por la situación que está viviendo, estará dispuesto a pagar lo que haga falta para encontrar una solución.

Al igual que aquellos timadores del oeste americano, no necesitan demostrar que son capaces de hacer llegar la lluvia, o de ver el futuro. Tan solo, hacer creer que es así.

Quien quiera creer, que crea… Pero cuidado, pues esa frase que dice “ver para creer”, no siempre funciona con los caraduras.

Una danza de la lluvia es una danza ceremonial que se ejecuta para invocar la lluvia y asegurar el éxito de la cosecha.

Numerosas culturas, que van desde el antiguo Egipto hasta ciertas tribus de indios americanos, cuentan con diversas interpretaciones de la danza de la lluvia. Aún en el siglo XX son practicadas en zonas de los Balcanes, en un ritual conocido como Paparuda (en rumano) o Perperuna (en lengua eslava).

Los cherokee, una tribu del sureste de Estados Unidos, efectuaban este tipo de danzas para promover la lluvia y para limpiar la tierra de espíritus malignos. La leyenda sostiene que la lluvia provocada por el ritual contiene los espíritus de antiguos jefes tribales que, al caer, se enfrentan a los espíritus malignos en el plano intermedio entre la realidad y el mundo espiritual.1

Julia M. Butree, esposa de Ernest Thompson Seton, escribe en su libro sobre las danzas de la lluvia,2 entre estas describe las danzas de la gente indígena de América, en particular «la danza de la lluvia de los Zuñi».3

Durante la ceremonia, los bailarines se adornan con plumas y turquesas que simbolizan el viento y la lluvia respectivamente. Muchas tradiciones de la danza de la lluvia han sido transmitidas a través de tradiciones orales.4

A finales de agosto , cuando es bastante seco , sobre todo en el suroeste de Estados Unidos, las tribus nativas norteamericanas utilizan para hacer una danza de la lluvia . Muchos nativos americanos todavía realizan el ritual de hoy, y se puede ver en varias reservas en los Estados Unidos. Hombres y mujeres se reunieron para una danza de la lluvia y llevaban tocados y ropas especiales. Las joyas se utilizan en la confección, como el turquesa , tenían un significado especial , así como los patrones de la ropa y el uso de pelo de cabra en los tocados . Estas ropas especiales fueron usados cada año para la danza de la lluvia , y por lo general se almacenan todo el año para este propósito.

Los pasos de la propia danza de la lluvia son bastante intrincado , ya diferencia de danzas circulares , que se ven en muchas ceremonias indígenas americanos , los hombres y mujeres de pie en líneas separadas e hicieron zigzagueando patrones. Es significativo que , mientras que muchos rituales nativos americanos participan sólo los hombres , o al menos , estaban más preocupados por su influencia , la danza de la lluvia involucrado tanto hombres como mujeres , que muestra la importancia de la lluvia para toda la comunidad. Esta danza de la lluvia estaba destinado a traer la lluvia durante todo el año o por una temporada específica.

La danza de la lluvia era más común a las tribus de nativos americanos que vivían en las regiones secas , Suroeste que recibieron poca lluvia. Los pueblo , por ejemplo , tienen una danza de la lluvia particularmente compleja , ya que la poca lluvia que reciben es esencial para la supervivencia. La evidencia sobre cómo se llevó a cabo cada una danza de la lluvia se transmite por tradición oral, y el hecho de que algunos nativos americanos mantienen estos rituales vivos hoy. Aunque muchos trajes de la danza de lluvia aparecen en los museos, algunos son realmente usados por la gente de hoy en día tribus durante las ceremonias o se guardan como reliquias de familia . La danza de la lluvia es todavía una parte importante de la conciencia del nativo americano , del mismo modo que nos preocupa la cantidad de lluvia , incluso en el mundo moderno.