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El dragón de Vitoria

La guerra de la independencia de los franceses es un episodio de la historia que ha salpicado la ciudad de Vitoria-Gasteiz y sus alrededores, con multitud de crónicas; algunas curiosas y simpáticas, pero por desgracia, como en todas las contiendas, las más, dramáticas y dolorosas.

Los personajes ilustres que intervinieron en este conflicto son innumerables y algunos serán mencionados en el transcurso de este artículo, aunque también existe un sinfín de protagonistas anónimos, que merecerían ser recordados y que por desgracia, han ido quedando en el olvido.

Todos ellos, en mayor o menor medida, tuvieron su papel. Sin embargo, este artículo versará sobre el único de todos ellos que aun sobrevive. Se trata de “El Dragón”

Quienes conozcan alguno de mis anteriores artículos, algunos de ellos en esta misma publicación, posiblemente imaginen que voy a tratar sobre alguna leyenda protagonizada por un ser mitológico del que se habla en tierras alavesas. Nada más lejos de mi intención.

El conocido como “El Dragón”, es uno de los cañones que las tropas de Napoleón utilizaron en la “Batalla de Vitoria”, de la que este año se cumple el bicentenario. Su historia fue capaz de enamorarme desde el primer día, convirtiéndome en un apasionado del tema, y haciéndome acumular en mis carpetas, toda la documentación y datos que he podido recopilar a lo largo de estos años.

La historia de este cañón comienza el viernes 26 de febrero de 1790. Aquel día se finalizó la fundición en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, de un cañón de a 12, al que se referenció con el número 2914, y se bautizó con el imponente nombre de “El Dragón”.

Para su elaboración se siguió el sistema para artillería de campaña, ideado por el matemático, ingeniero y artillero francés Jean Baptiste de Gribeauval, que aprovechaba las nuevas técnicas de fundición y mejoraba la eficacia de las piezas.

Tras pasar varios meses en los almacenes de la fábrica, en 1791 fue trasladado a Madrid para su bautizo de fuego. La prueba de tiro, dirigida por el mismísimo rey Carlos IV, se realizó en las inmediaciones de Aranjuez y en ella, junto a otras quince piezas de artillería, demostró su eficiencia. Precisamente, el monarca eligió “El Dragón” para realizar algunos disparos, motivo por el que se grabó en el ánima del arma una inscripción conmemorativa que perpetuara tan insigne suceso.

AÑO DE 1791. EN LA JORNADA DE ARANJUEZ SE TRAJERON 16 CAÑONES DE ESTE CALIBRE Y HABIENDO SU MAJESTAD APUNTADO CON EL MAYOR CONOCIMIENTO Y DADO EN EL BLANCO MUCHAS VECES FUE EL PRIMERO QUE TUVO ESTA FORTUNA. DRAGÓN

Acompañando este epígrafe, se incluyó también una breve estrofa. “EL REY ME APUNTO / YO LE OBEDECI / Y EN EL BLANCO DI / SEGÚN ME MANDO.

Nada más se sabe hasta el año 1813, cuando reaparece en la “Batalla de Vitoria” formando parte de la artillería francesa, sin que haya noticias que expliquen como acabó en manos de las tropas napoleónicas.

Durante la jornada del 21 de Junio, un grupo de mozos escapados del Hospicio de Vitoria, y que habían acudido a las colinas cercanas para ver como se desarrollaban las hostilidades, se percataron de la presencia de un grupo de artilleros franceses que se encontraban alejados su unidad.

Quizás excitados por el desarrollo de la misma, y envalentonados por la inminente victoria de la coalición de británicos, portugueses, españoles y alemanes, atacaron a los soldados con piedras y palos, los cuales, cortaron los correajes de las mulas y dejaron abandonada la pieza de artillería.

Indiscutiblemente, si los soldados hubieran optado por defenderse, nada habrían podido hacer aquellos niños. Pero la fortuna hizo que huyeran, más por miedo a los combatientes que les acosaban durante la retirada, que al daño que pudieran infligirles los muchachos.

Con gran esfuerzo, consiguieron llevar aquel cañón hasta la Plaza Nueva de Vitoria, y tras realizar una entrada triunfal, imitando a la que poco tiempo después presenciarían por parte de las tropas de la coalición, hicieron entrega del mismo a los alguaciles, pasando a formar parte del abundante botín de guerra.

Rápidamente, la historia corrió de boca en boca, sirviendo de ejemplo y aleccionamiento para una población, ya de por si excitada por el reciente triunfo.

La utilización propagandística del suceso fue evidente. En muchos periódicos, no solo españoles, sino también ingleses, e incluso mexicanos, se hicieron menciones a la captura de “El Dragón”, ridiculizando a un ejército que tras haber dominado el mundo entero, ahora podía ser vencido por niños armados con palos.

Aquello impulsó al General Miguel Ricardo de Álava, a gestionar con Sir Arthur Wellesley, Duque de Wellington, la entrega de este cañón a la ciudad, quedando constancia por medio de un oficio que se redacto en los siguientes términos.

“El Duque de Ciudad Rodrigo, condescendiendo con los deseos que esa Ciudad ha manifestado por medio de V.S., ha dado la orden para que se entregue a su disposición el cañón denominado el DRAGON, que fue uno de los cogidos en la memorable batalla de Vitoria por los mozos de esa Ciudad, que obligaron a sus conductores a que cortasen los tirantes y lo dejasen abandonado.

S.E. desea se conserve como un monumento de la fidelidad de sus habitantes, y como un recuerdo de aquel memorable acontecimiento, a quien se debe la libertad de la Península y en gran parte la de toda Europa.

También se ha mandado se entregue a V.S., para ponerlos a disposición de la Ciudad, los dos pedreros, cuyo nombre he olvidado, pero se ha prevenido al Comisario de la Artillería inglesa, de esa Ciudad, se vea con V.A. y le entregue los que le designe.

Pido pues, a V.S. se ponga de acuerdo con el citado Comisario, y que ofreciendo mi inutilidad a ese respetable Ayuntamiento, me dispense las órdenes que sean de su agrado.

Dios guarde a V.S. muchos años.

Cuartel general de San Juan de Luz, a 24 de Diciembre de 1813

Miguel de Álava – Señor Procurador General de la Ciudad de Vitoria.”

El ayuntamiento, enorgullecido de recibir un regalo navideño de tan importante carga emocional e histórica, hizo que se grabara una nueva inscripción con incrustaciones de plata, que bajo el escudo de Vitoria y el lema “HAEC EST VICTORIA QUAE” dice: “SOY EL TERRIBLE DRAGON / A QUIEN LIBRARON CON GLORIA / LOS JOVENES DE VITORIA / DEL PODER DE NAPOLEON / 21 DE JUNIO DE 1813”

A partir de ese momento, el cañón pasa a ocupar un lugar de honor en la balconada de la iglesia de San Miguel, siendo utilizado para lanzar las salvas el día del Corpus Cristi y los 36 disparos que se realizaban en los aniversarios de la batalla. De esto se encargaba en pirotécnico Canuto de Aguirre, quien además, se ocupaba de su cuidado y preparación.

Poco después, y ante la falta de material, el ejercito solicitó que se le cediera para la instrucción de reclutas. El ayuntamiento, accedió a ello, pero poniendo como condición, que no pudiera abandonar los terrenos del que fue convento de San Antonio, a pocos metros de la que había sido elegida como su ubicación ornamental.

La carencia de piezas de artillería debió ser acuciante, pues con el tiempo, hubo una nueva solicitud, esta vez de la Milicia Nacional Local, para que le fuera cedido de cara a organizar una batería defensiva que se instaló en la ciudad.

En 1824, los realistas de Valentín Verástegui consideraron que el cañón había dejado de ser propiedad de la ciudad de Vitoria, por lo que se apropiaron de él. Aun así, permaneció en la capital alavesa hasta el comienzo de la primera guerra carlista, cuando los partidarios de Carlos V lo llevaron a Oñate, donde permaneció oculto, sin que al parecer, llegara a intervenir en ninguna acción bélica.

Al finalizar el conflicto se depositó en el Parque de Artillería de Santoña, quedando en el olvido hasta 1852, cuando fue redescubierto por el Teniente Coronel Antonio Rivera, que al darse cuenta de su importancia histórica, propuso su trasladado al museo de Artillería e Ingenieros de Madrid, dirigido en aquel momento por el Brigadier Santiago Piñeyro. El día 10 de Agosto de aquel año, por orden del Coronel Francisco Javier de Azpiroz, Conde de Alpuente, fue instalado en la sala principal de Artillería, siendo considerada como una de las piezas más importantes de la colección.

Tan solo en una ocasión ha regresado a Vitoria. Ocurrió el 20 de Junio de 1963, cuando con motivo de las celebraciones de los 150 años de la “Batalla de Vitoria”, se cedió temporalmente a la exposición que se instaló en “El Portalón”. Precisamente, esa exposición fue el germen del que actualmente es el Museo de Armas y Heráldica de Álava.

El 9 de Enero del año siguiente, regresó a Madrid, donde ha permanecido hasta el traslado del Museo del Ejército al Alcázar de Toledo, donde se encuentra en la actualidad.

La impotencia de la ciudad vitoriana para recuperarlo, solo ha podido ser paliada, en cierta medida, por la existencia de tres réplicas. Dos de ellas, maquetas a escala, se encuentran en el anteriormente citado Museo de Armas y Heráldica, y en el Archivo Municipal.

La tercera, una copia a tamaño real, apodada “General Álava” y que fue realizada por Roberto Fermín Pérez, ha suplido durante muchos años a la pieza original en el disparo de salvas, especialmente las que tenían lugar en la festividad de San Prudencio. Pero la rígida normativa sobre armas, ha provocado que actualmente se halle depositada en Intervención de Armas de la Comandancia de la Guardia Civil de Éibar.

Hasta aquí la historia de este cañón. Aunque durante las celebraciones del bicentenario de la batalla, hemos contado con su presencia en la capital alavesa, quizás un día regrese a esta ciudad a ocupar el lugar que el Duque de Wellington eligió para que permaneciera “como un monumento de la fidelidad de sus habitantes, y como un recuerdo de aquel memorable acontecimiento, a quien se debe la libertad de la Península y en gran parte la de toda Europa”