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La verdadera historia de "El Exorcista"

No hace mucho que comenzó a circular por internet un tráiler censurado en su día de “El exorcista” la famosa película que hizo temblar a mucha gente y que para muchos estableció un antes y un después en el cine de terror.

La película basada fue dirigida por William Friedkin  y con guión de William Peter Blatty autor del libro del mismo nombre en el que se basa la película. Cientos de miles de personas han visto el film y muchos más han leído la novela. Lo que no todo el mundo sabe es que detrás de la historia que Blatty escribió se encuentra una historia verídica de la que el autor tuvo noticias a través del “The Washington Post”.

El joven universitario Blatty se sintió inmediatamente atraído por la noticia de que un joven de 13 años, Robbie Mannheim, había sido supuestamente poseído en Mount Rainier, Washington sufriendo   alteraciones de la personalidad lo que llevo a practicarle varios exorcismos durante un periodo de tres meses.

Robbie Mannheim de 13 años vivía en Mount Rainier junto a sus padres y su abuela. Una noche de sábado en la que el niño se encontraba a solas con su abuela en casa comenzaron a escuchar un ruido similar al de un grifo constantemente goteando. El niño recorrió la casa junto a su abuela hasta que descubrieron como en la habitación de la anciana un cuadro con la imagen de Jesús colgada en una pared se tambaleaba como si alguien golpeara la pared.

El comienzo de aquellos golpes fue el principio del agónico final de una de las tías del niño, Harriet, aficionada al espiritismo, y concluyo 11 días más tarde, repitiéndose cada día entre las 7 y las 11,  cuando la mujer fallecía.

La muerte de su tía afecto al niño que no encajo su muerte. Robbie comenzó a practicar ouija, elemento que la difunta había enseñado a manejar al niño, para intentar contactar con ella.

No se sabe si este fue el detonante pero lo cierto es que a partir de ese momento los fenómenos extraños persiguieron a Robbie. Los objetos, incluso los más pesados, que se encontraban alrededor del niño se movían a su alrededor.

Los padres de Robbie pensando que el muchacho tenía algún tipo de problema le llevaron a psiquiatras, médicos y mediums que no determinaron nada anómalo salvo quizá una crisis adolescente. No quedando convencidos, decidieron hablar con un sacerdote luterano llamado Schulze.

El sacerdote, que desde el primer momento pensó que aquello era algún truco del niño, decidió pasar una noche en casa de los Mannheim. El dantesco espectáculo que pudo observar con objetos moviéndose por todas partes y letras apareciendo en el pecho del niño como si unas garras las dibuja, hizo comprender al sacerdote que aquello no era un juego infantil sino algo mucho más diabólico.

Schulze que había oído hablar de los exorcismos practicados por la Iglesia Católica se convenció de que Robbie podría estar poseído, por lo que recomendó a la familia que se pusiesen en contacto con un sacerdote católico.

 

El “elegido” fue el padre Hughes de 29 años que en un principio resto importancia al caso por lo que decidió dar a la familia un poco de agua bendita y unas velas con la esperanza de que esto les calmara. Cuando la familia volvió a requerir los servicios ya no solo del sacerdote en sí sino de la iglesia católica decidió personarse en casa de los Mannheim donde presencio la fenomenología paranormal que rodeaba al niño decidió la necesidad de practicarle un exorcismo, pero su inexperiencia y su juventud, cosa ya especificada en el “Rituale Romanum” sobre la práctica de exorcismos, hizo que no funcionara.

El niño fue ingresado en un hospital de jesuitas para intentar llevar a cabo el ritual de exorcismo allí. Fue en una de las sesiones del ese exorcismo donde el padre Hughes fue atacado por Robbie, que consiguió soltar las ligaduras que le ataban a la cama, que desgarro uno de sus brazos con un hierro el sacerdote tuvo que recibir más de 100 puntos de sutura.

Después del ataque la familia regresó a su casa con la esperanza de que las cosas habrían terminado, pero el extraño comportamiento de Robbie empeoró. Una noche, mientras la familia dormía, Robbie comenzó a gritar y a maldecir. Los padres de Robbie se apresuraron a su lado y descubrieron que la palabra “St. Louis” había sido escrita en el pecho de Robbie. St. Louis es la ciudad en la que su tía Harriet había muerto por lo que de forma inmediata la familia preparó un viaje a la ciudad.

En St. Louis, la familia contacto con el reverendo Raymond J. Bishop profesor de la Universidad de la ciudad. Bishop consciente de la dificultad del caso que se avecinaba se puso en contacto con otro reverendo, William S. Bowdern. En seguida apreciaron el desprecio hacia cualquier símbolo y connotación religiosa del niño. El comportamiento violento de Robbie ante la muestra de crucifijos y la presencia de agua bendita, así como el hecho de que hablara en idiomas totalmente desconocidos para él con voces demoniacas, convenció al reverendo Bowdern para conseguir el permiso del arzobispado para la realización de un nuevo exorcismo a Robbie. Finalmente el exorcismo se llevo a cabo en el hospital de Illinois Alexian Brothers.

El padre Bowdern sabiendo la dificultad de aquel exorcismo pide ayuda a dos reverendos conocidos Waler Halloran y William Van Roo. La violencia del niño durante el exorcismo fue desproporcionada escupiendo en la cara de los reverendos y gritando obscenidades. El espectáculo era dantesco los arañazos en el pecho del niño formando palabras como  “infierno” y “mal” y los objetos precipitándose por el aire, entre ellos un bote de agua bendita que se estrello contra la pared.

Tras la repetición del ritual unas 30 veces el niño pronuncio finalmente “Christus, Domini” - “Cristo, el Señor” dando así los religiosos el ritual por concluido. El demonio había salido de Robbie.