Get Adobe Flash player

El general Shiro Ishii

¿Se han planteado alguna vez, que se puede sentir al extirpar órganos humanos a una persona viva y consciente? A mí solo de pensarlo se me pone el vello de punta, pero al general IshiiShiro y su maquiavélico equipo parece que no solo no les preocupaba si no que disfrutaban haciéndolo…….

Entre 1937 y 1945, en plena “segunda guerra mundial”, el sanguinario generalShiro y los hombres que formaban parte de su ejército eran conocidos como el departamento de prevención de epidemias y purificación de aguas, una máscara para ocultar el verdadero terror de sus acciones, acciones que hoy, provocan escalofríos de solo pensarlo.

Durante este tiempo, que no fue breve, este ejército dedicó su tiempo a una terrorífica actividad, destripar y sacar las vísceras a sus víctimas aún vivas, como si se tratara de Jack el destripador y se encontraran en el Londres victoriano de finales del siglo XVIII. Esta unidad denominada “unidad 731” no eran otra cosa que un grupo de asesinos de destrucción masiva sin ningún tipo de escrúpulo ni remordimientos.

Hasta 12.000 hombres, mujeres y niños, murieron en sus garras a causa de la pérdida de sangre, de las infecciones de sus heridas o por el shock producido por la mutilación de miembros y órganos vitales sin ningún tipo de anestesia encubriendo así un psicopático experimento, del que Shiro fue puesto al mando en 1932,  con cualquiera que consideraban su enemigo.

Cuando necesitaban victimas para sus experimentos, y tenían que salir a buscar a las personas, usaban una palabra en clave….”MARUTA”.

Los terrores reservados para sus enemigos eran incontables pero si de entre todos podemos destacar uno es el de “Peleles” de armas. Gente indefensa utilizada en las pruebas de granadas, bombas gérmenes y un largo etcétera. No faltaron las pruebas con armas químicas y de experimentación donde  los pobres desgraciados eran inyectados con un sinfín de agentes patógenos para ver la reacción del cuerpo humano. Pero aquí no acababa su crueldad como si de un juego se trataba y con el fin de encontrar una cura para poder practicar su deporte favorito, él sexo con prostitutas, los infectaban con diversas ETS, sífilis, gonorrea para después y mientras los dejaban morir poder ver sus efectos y formas de sanarlas. Experimentos que solo eran la punta del iceberg del sufrimiento con el que podían atormentar a la gente.

La pregunta que nos viene es evidente, ¿Dónde hacían esas salvajadas? Pues bien, la base del escuadrón 731que ocupaba seis kilómetros cuadrados y consistía en más de 150 edificios, y que estaba diseñada de tal forma que era prácticamente indestructible. Algunos de los edificios de este complejo, hoy por hoy, siguen abiertos al público, y otros son simplemente empresas privadas.

En el interior del complejo, existían aproximadamente 4500 contenedores donde se guardaban entre otras cosas insectos y armas biológicas. Como reseña podemos decir que con solo  un contenedor en pocos días podían llegarse a crear fabricar 30 kilogramos del bacilo de la peste bubónica. Todavía hoy en día se dan casos de contagios de algunas de estas enfermedades.

Los experimentos siguieron durante toda la guerra, hasta que en Agosto de 1945 cuando fueron descubiertos por fuerzas rusas y tanto los empleados como sus familias tuvieron que huir a través de Manchukuo y China no volviendo hasta concluida la contienda

Ishii, llego al extremo de obligarles a todos a guardar el secreto “hasta la tumba”, amenazándoles con encontrarles si así no lo hacían. Les fue prohibido el poder desarrollar ninguna actividad pública y muchos de ellos recibieron una capsula de cianuro con las instrucciones de tomarla si era descubierto el secreto y con el fin de no tener que sucumbir a posibles torturas.

Tras la finalización de la guerra el comandante Mac Arthur fue el encargado de supervisar entre otras cosas la reconstrucción de Japón, un excusa para poder ver de cerca instalaciones así poderlas inspeccionar. El comandante fascinado de la maldad y por los experimentos llevados a cabo por esos dementes les ofreció inmunidad, y por lo tanto no ser juzgados por crímenes de guerra, a cambio de que fueran entregados a USA toda la documentación de aquellos experimentos, pensando que quizás estos pudieran tener algún valor, a tenor de que Estados Unidos no ha desvelado nunca nada sobre dichos experimentos es posible que si le encontraran valor.

Sé que todo esto parece una película de terror gore, pero por desgracia fue muy real. Tan real que todavía hoy muchas de sus víctimas pagan las consecuencias.

Todos nos preguntamos, ¿Cómo puede existir personas capaces de hacer tanto daño a otras personas? Ojalá tuviese la respuesta, pero por desgracia, no es así. Solo puedo decir que personas como Ishii, disfrutaba haciendo daño a personas inocentes, usándolas como “ratas de laboratorio”, para sus fines, y que hacía lo que fuese con tal de conseguirlo.