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Los ovnis del III Reich

Cuando hablamos del fenómeno OVNI a la cabeza de todo el mundo viene la posibilidad de haber sido visitados por seres de otros planetas. Pero esto no siempre ha sido así. Para las generaciones actuales el avistamiento de ovnis es algo normal, sin embargo tenemos una fecha de partida para el fenómeno de los avistamientos que nos lleva a 1947 concretamente al 24 de Junio de 1947. No dejando a un lado a los ya famosos “Foo Fighters”, pequeñas esferas incandescentes,  que muchos pilotos aliados afirmaron ver durante la II guerra mundial al sobrevolar territorio Alemán y de los que hablare posteriormente,  este es para muchos el primer caso de Ufología de la historia, al menos el primer caso sin influencias militares y con un testigo altamente cualificado.

Ese 24 de Junio un vendedor de extintores, Kenneth Arnold, perteneciente a la “Airafox”, una organización de seguimiento y rescate  volaba, a bordo de un CallAir A-2, desde Chelalis a Yakima, estado de Washington, Estados Unidos, buscando un avión militar que se había precipitado en las cercanías del Mount Rainier. Sobre las dos de la tarde avisto, según el mismo relato posteriormente, 9 objetos circulares, extremadamente brillantes por el reflejo de la luz solar,  volando en cadena con un vuelo errático y a una enorme velocidad. Si bien en aquel momento no podía ni imaginar lo que estaba viendo, seguro que nunca pudo imaginar la polvareda que levantarían aquellos objetos y sus palabras.

Tras concluir el vuelo el piloto redacto un informe rutinario, como en cualquier otro vuelo y con la finalidad de informar de todos los detalles del mismo, entregándolo a la “Administración de Aeronáutica Civil.

Leamos las palabras del propio Arnold:

«(…) Apenas llevaba dos o tres minutos con ese curso cuando observé sobre mi avión el reflejo de un fulgor brillante. Me sorprendió, pues creí que se debía a que me encontraba muy cerca de algún otro aparato. Escudriñé el cielo en todas direcciones, pero no pude encontrar el origen del reflejo hasta que miré hacia la parte septentrional izquierda de Mount Rainier, en donde observé una cadena de nueve aparatos de extraño aspecto que volaban de norte a sur a una altitud aproximada de 9.500 pies, con una dirección definida de unos 170 grados. Se aproximaban rápidamente a Mount Rainier, por lo que supuse se trataba de aviones con propulsión a chorro. De cualquier manera, el caso es que descubrí que el reflejó procedía de ellos, pues cada pocos segundos dos o tres descendían o cambiaban ligeramente de posición, de forma que el sol incidía en ellos en un ángulo que permitía el reflejo directo en mi avión.

Como los objetos estaban muy lejos, durante varios segundos no pude darme cuenta de cuál era su forma o su formación. En seguida se acercaron a Mount Rainier y pude ver sus perfiles contra la nieve con mucha claridad. Me resultó extraño no verles las colas, pero supuse que se trataba de algún tipo de aviones de propulsión a chorro. Decidí medir su velocidad, pues tenía dos puntos definidos que me permitían hacerlo; el aire estaba tan claro que era fácil ver los objetos y determinar su forma y tamaño a casi cincuenta millas de distancia. Recuerdo bien que en el reloj colocado en el panel de conducción faltaba un minuto para las tres cuando el primer objeto de la formación pasó al borde sur de Mount Rainier.

Observé los objetos con gran interés, pues nunca había visto antes aviones que volasen tan cerca de las cimas de las montañas; volaban en dirección sur-sudeste, descendiendo por la parte trasera de una cadena de montañas. Creo que su altitud podía variar en mil pies hacia arriba o hacia abajo, pero desde mi punto de observación se mantenían en el horizonte, lo que indicaba que mantenían la misma altitud que yo. Volaban de la misma forma que he visto hacerlo a los gansos, como si estuvieran unidos en una formación diagonal. Parecían mantener una dirección definida, pero aparecían y desaparecían tras las cimas de las más altas montañas.

En aquel momento su velocidad no me impresionó, pues sabía que nuestro ejército y fuerzas aéreas tenían aviones muy rápidos. Lo que me asombraba al verlos seguir su camino bajo el sol era que no podía ver sus colas, y estoy seguro de que cualquier piloto sentiría que vale la pena observar con detenimiento esos aviones. Los miré detenidamente y estimé que la distancia que me separaba de ellos sería de veinte o veinticinco millas. Sabía que tenían que ser muy grandes para ver su forma desde tan lejos, incluso en un día tan claro como ése. Comparé con ellos un sujetador del carenaje que tenía en mi bolsillo, manteniéndolo primero sobre ellos y luego sobre el DC-4; pero creo que su envergadura era tan grande como los motores complementarios de cada lado del fuselaje del DC-4. Cuanto más los miraba más aumentaba mi asombro, pues estoy familiarizado con la mayor parte de los objetos que vuelan cerca de la tierra o a gran altitud.

Observé que aquella cadena de objetos pasaba por una cresta cubierta de nieve situada entre los montes Rainier y Adams, y que cuando el primero rebasaba el lado sur de la cresta el último entraba por el norte. Como yo volaba en la misma dirección de la cresta, la medí y concluí que sería de unas cinco millas, lo que me permitió suponer que ésa era la extensión de la formación de los objetos. Pude determinar su rumbo con gran precisión gracias a que había unas altas cimas a un lado de ellos, mientras que las más altas se encontraban al otro lado del rumbo que mantenían. Cuando la última unidad de la formación pasó por la alta cima meridional cubierta de nieve de Mount Adams, miré el segundero y comprobé que habían recorrido la distancia en un minuto cuarenta y dos segundos. En aquel momento ni siquiera esa velocidad me sorprendió, pues estaba seguro de que al aterrizar obtendría alguna explicación de lo que vi. (…)»

Del proyecto “Libro Azul” de Brad Steiger

Todo podía haber quedado aquí de no ser porque ya de vuelta en la localidad Pendleton, Oregón, conto la historia de lo que había visto a un grupo de amigos y a un reportero de “Associated Press” que plasmo la crónica así:

 «Nueve objetos brillantes en forma de "plato" volando a increíble velocidad a una altura de 3000 metros (10.000 pies) fueron reportados ayer (junio 24, 1947) por el piloto Kenneth Arnold en Boise, Idaho, quien desestimó especular acerca del origen de los mismos. Arnold, empleado del Servicio Forestal de los EEUU., se encontraba abocado a la búsqueda de un aeroplano perdido cuando observó los misteriosos objetos el jueves a las 15:00 h. Los objetos volaban entre el Monte Rainier y el Monte Adams en el estado de Washington, según afirmó, y parecían hacerlo en formación. Arnold, indicó haber cronometrado su vuelo y estimó que se desplazaban a una velocidad de cercana a los 2000 kilómetros (1200 millas) por hora. Interrogado en Yakima (Washington) acerca del suceso, manifestó estar perplejo pero añadió haber conversado con una persona que no identificó procedente de Ukiah (California) quien le aseguró haber visto objetos similares el 22 de junio sobre las montañas de Ukiah. "Parece imposible, añadió Arnold, pero así es.»

Aquí fue cuando comenzó a expandirse el término “Platillo volante”. Muchas fuentes aseguran que fue el propio Arnold el que afirmó que los objetos eran como “platos deslizándose por el agua” pero en realidad fue el propio periodista el que utilizo el término de “platillos” o “platos”, intentando buscarles una forma. Sin embargo la descripción de Arnold era bastante más compleja afirmando que eran como delgados y planos, redondeados en el frente pero cortados por atrás según sus propias palabras: "parecidos a un pastel de pai que es cortado a la mitad con una especie de triángulo en la parte trasera".

Fuera como fuere a partir de este momento comenzó el conocido fenómeno de los “platillos volantes” que no perdería este nombre hasta 1976 donde aparece el término U.F.O., “Unidentified Flying Object” españolizado como O.V.N.I., objeto volador no identificado.

1947 nos dejó ese primer avistamiento, pero también nos dejó la fallida “Operación Highjump” con la que el gobierno estadounidense, y con la excusa de consolidar su poder en el helado continente, pretendían acabar con la supuesta base Antártica subterránea del III Reich. Base de la que tuvieron conocimiento, al parecer, en los interrogatorios de las tripulaciones del U-530 y el U-997, Nazis,  en 1945 tras la finalización de la guerra. Fue también en 1947 el año de fundación de la CIA, “Central Intelligence Agency”, estamento gubernamental Estadounidense encargado de la recopilación, análisis y uso de inteligencia mediante el espionaje a gobiernos, corporaciones o individuos que puedan afectar a la seguridad nacional del país. En fin un año que para muchos paso desapercibido pero que fue mucho más que un año fue un antes y un después al menos en lo que a los OVNIS se refiere.

Pero la pregunta adecuada es. ¿Qué vinculación hay con el avistamiento de Kenneth Arnold y el III Reich alemán?

LA TECNOLOGÍA DEL III REICH

La II guerra mundial acabo en 1945 con la victoria de los aliados. ¿Pero qué relación puede haber entre el régimen nazi y esos nuevos avistamientos que empezaron a sucederse en 1947?

El III Reich fue para Alemania una de esas épocas donde el progreso en todos los campos les encumbro. Era el país con la mejor industria automovilística. El país con las aeronaves más rápidas y con mayor autonomía de vuelo. Durante Los juegos olímpicos de 1936 fue el país que puso en marcha la primera TV. Ni hablar tenemos de la industria farmacéutica que incluso hoy en día despunta. Y por supuesto los ME-262,  primeros aviones a reacción, y los V2, sus misiles de largo alcance.

No es un secreto que Alemania era casi el primer país mundial tecnológicamente hablando, solo viendo lo que anteriormente he mencionado que solo es la punta del iceberg, detrás de sus tecnologías más conocidas, entre telares, se ocultaba mucho más que el régimen de Hitler quiso ocultar y posteriormente los aliados. Una tecnología que incluso hoy es tan secreta que sigue siendo una mera leyenda para unos y un simple bulo para otros.

Los misteriosos aviones circulares alemanes que eran propulsados por motores anti-gravitacionales y de los que prestigiosos UFOlogos afirman ser los OVNIS muchas veces avistados en algunas regiones de Estados Unidos toman con cada dato una nueva dimensión.

Los proyectos “Vril” y “Haunebu” fueron desarrollados con técnicas poco convencionales basadas en las antiguas creencias del Reich y que posteriormente adoptaron algunos países aliados, que escondieron a determinados científicos nazis para que continuaran con la construcción según dicha filosofía. Para nadie es un secreto la fascinación de Hitler por cualquier cosa que pudiera darle ventaja ante sus enemigos siendo conocidas sus expediciones en busca de la lanza que atravesó el costado de cristo, entre otras reliquias. No es para nada extraño la aplicación de según qué tipo de creencias como aplicación tecnológica.

Como muestra vale un botón y nuestro botón es el científico austriaco  Viktor Schauberger que era un defensor incondicional de la “implosión” frente a la “explosión”. Para este científico la explosión era un acto destructivo y por lo tanto poco eficaz dado que la “creación divina” es siempre constructiva. Este hombre colaboro activamente con Heinkel en la creación del motor a reacción. Y hoy en día y tras su muerte la EADS (European Aeronautic Defence and Space Company N.V.), la corporación industrial europea más importante del sector aeroespacial ha retomado parte de su trabajo. Para nadie es un secreto, aunque muchos se han encargado de que cayera en el olvido que este mítico ingeniero austriaco dedico mucho esfuerzo, sobre el año 1944, en el motor “Repulsive” pensado para elevar un disco volador con despegue vertical y que él mismo confirmó tras la guerra la creación de un prototipo.

Parece ser y con datos en la mano que la leyenda de los OVNIS nazis es algo más que una leyenda aunque como en toda realidad siempre hay un punto que hace que la imaginación vuele y tire por tierra la credibilidad el resto. En este caso el talón de Aquiles de la credibilidad de los ovnis Nazis es el “Andromeda-Gerät” que al parecer era algo así como una nave nodriza de la que ni tan siquiera se sabe si se llegó a construir y que muchos han llegado a situar en la Antártida, siendo la tristemente famosa “base nazi” del continente helado. En fin poco o nada se sabe de esta supuesta nave más allá del hallazgo, tras la guerra, de los planos que hablaban de ella y la mostraban como un majestuoso almacén de los aires con más de 130 metros de longitud y con una curiosa forma alargada similar a una píldora. No obstante no es la primera vinculación que intentan asociar de los OVNIS del tercer Reich con la Antártica, quien sabe si en un futuro el continente de los hielos nos “cuente” la verdad.

LOS FOO-FIGHTERS

Foo-Fighters fue un término acuñado  por los aviadores aliados, de la segunda guerra mundial, que sobrevolaban Alemania y que a menudo se veían sorprendidos por unos objetos esféricos de apariencia metálica o luminosa y que se les aparecían normalmente en grupo aunque en ocasiones de forma individual.

Son múltiples los testimonios de pilotos que atestiguan haber sido perseguidos o acompañados por estos objetos pero no existe constancia de ataques por parte de estos a esos aviones a los que sorprendían. Todos los testimonios a los que se puede acceder coinciden en la gran velocidad de los objetos, su maniobrabilidad y la capacidad de acelerar o decelerar de forma prácticamente instantánea. Son esos mismos testimonios los que afirmar que intentar derribarlos era inútil y los pocos pilotos que intentaron despistarlos terminaron por desistir.

 Los primeros informes sobre los Foo-Fighters se remontan a 1941 si bien no se producían estos avistamientos más que de forma esporádica. Sin embargo con la entrada en servicio de los cazas nocturnos P-61 “Black Widow” en Julio de 1944, el número de avistamientos creció exponencialmente llegándose a acumular cientos de informes de los vuelos que afirmaban haber sido sorprendidos por ellos.

Los pilotos dieron nombre a estos objetos y la prensa se encargó de convertirlos en la maquiavélica arma de Alemania. El 13 de diciembre de 1944 el diario inglés “South Wales Argus” publicaba la siguiente noticia…

«Los alemanes han fabricado un arma secreta coincidiendo con la estación navideña. El nuevo ingenio, que al parecer es un arma defensiva aérea, se parece a las bolas de cristal que adornan los árboles navideños. Se las ha visto suspendidas en el aire por territorio alemán, a veces solas, y otras en grupo; son de color plateado y parecen transparentes».

El mito ya estaba servido solo faltaba un poco más de apoyo y fuerza para perpetuarlo y esta vino por parte del “Herald Tribune” neoyorquino el 2 de enero de 1945 día en el que publico:

« Parece que los nazis han proyectado una novedad en el cielo nocturno de Alemania. Se trata de los misteriosos y extraños globos foo-fighters que corren por las alas de los aparatos Beaufighters que sobrevuelan secretamente Alemania. Hace más de un mes que los pilotos, en sus vuelos nocturnos, se encuentran con esas armas fantásticas que, al parecer, nadie conoce.

Los globos de fuego aparecen repentinamente, acompañan a los aviones durante kilómetros y, según revelan los informes oficiales, parecen estar controlados por radio desde el suelo ».

Lo que los medios no sabían y los pilotos aliados tampoco era que los pilotos nazis así como los altos mandos de la Luftwaffe estaban convencidos que era un arma secreta aliada para desestabilizar el poder del aire que los alemanes poseían. Pero la verdad es que  suena un poco extraño el hecho de la creación de un arma que solo se limita a seguir a los aviones ¿no? De existir ese concepto de arma nada impediría que la bola acabara en segundos con el avión y su piloto con el simple hecho de estrellarse contra su cabina.

Ahora se sabe que el ejército Alemán poco o nada tenía que ver con los Foo-Fighters a los que ellos denominaban Kugelblitze, rayos bola, o Feuerbälle, pelotas de fuego y que les molestaban igual que a los aviones aliados. El origen de este fenómeno se ha tratado de explicar durante siglos ya que de una u otra forma se tiene constancia de él desde el año 340 habiendo sido divisados en varias partes del mundo.  Desgraciadamente hoy todavía no tenemos explicación para este fenómeno si bien la ciencia, en su empeño de explicar lo que puede y lo que no, se empeña en achacarlo  descargas de rayos globulares sin embargo el testimonio de quien ha tenido la posibilidad de toparse con “esto” asegura su más que demostrada inteligencia algo que no se puede decir de un rayo.

Por tanto si bien todavía nos queda mucho por poder explicar de los Foo-Fighters podemos afirmar rotundamente que ni era un arma secreta alemana ni nada tenía que ver con lo que con el tiempo se ha dado en llamar los “OVNIS Nazis”. Y por su puesto y por mucho que los no creyentes en la UFOlogia también se empeñen a día de hoy no se puede decir que no sean auténticos vehículos extraterrestres.

¿QUÉ FUE DE ESA SUPUESTA TECNOLOGÍA?

Es una buena pregunta tanto como su respuesta. Son muchos los estudiosos que se precipitan a negar la existencia de dichos OVNIS alegando que de poseer los nazis dicha tecnología habrían ganado la guerra. Puede que tengan su parte de razón pero frente a esta negación existen afirmaciones que dan la explicación de la perdida de la guerra por parte de Alemania al margen de esta tecnología.

Según se sabe el desarrollo de estos “OVNIS” se produjo entre 1944 y 1945 es decir en el declive de la guerra para Alemania y no hubo tiempo de emplear esa tecnología. Por otro lado dichas aeronaves si bien era cierto que alcanzaban grandes velocidades y que tenían una capacidad de maniobra, aparentemente asombrosa, no se perfilaban como buenas aeronaves de caza, tal vez porque su fin no estaba en usarse para ganar la guerra. Además de haber existido estos vehículos y dado el fatal desenlace que ya a finales de 1944 se veía a la contienda es muy probable que los Alemanes del Reich decidieran no usar un arma que para ellos podría proporcionarles en un futuro una victoria más segura y contundente.

Fuera como fuere no existe una vinculación real entre la posibilidad de la existencia de dichos OVNIS y la pérdida o victoria de la guerra por parte de Alemania.

A pesar de todo, poco antes de que acabara la guerra se realizaron una serie de fotos de lo que posteriormente se llamarían OVNIS con un asombroso parecido al modelo nazi “Haunebu II” lo que nos hace pensar que tal vez se construyó una serie limitada de este modelo por parte de los científicos nazis.

Respecto a la posibilidad de que estos llamados “platillos volantes” cayeran en manos de los aliados, existen teorías para todos los gustos. Por un lado se sabe que la mayoría de los científicos nazis que intervinieron en estos proyectos desaparecieron de Alemania mucho antes de que acabara la guerra y las instalaciones donde trabajaron fueron destruidas y es muy extraño pensar que los nazis dejaran caer en manos enemigas una tecnología. Siguiendo esta hipótesis las teorías de la conspiración son varias siendo las de “que estos ovnis se ocultaron en la base de la antártica” o “que fueron llevados a una base lunar secreta” son las que toman más adeptos. Por otro lado el hecho de que científicos alemanes como Werner von Braun colaboraran con los aliados, de hecho y gracias a este último los americanos pudieron realizar el programa “Apolo” y llegar a la Luna, en proyectos aeroespaciales hace pensar que esa tecnología llego finalmente a manos aliadas.

Todo esto son teorías que quizás algún día puedan ser demostradas pero personalmente creo que es bastante sintomático del posterior uso de los aliados por varios motivos pero el principal de ellos es el hecho en sí mismo del comienzo de avistamientos de ovnis, a gran escala, se produjera tras el final de la guerra y que la vorágine espacial de Estados Unidos avanzo desde este punto a pasos agigantados, si bien la tecnología que nos han vendido que se usó para llegar a la Luna nada tiene que ver con la de aquellos OVNIS nazis.