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¿Asesinos por naturaleza?

Existen muchos factores que pueden desembocar en las patologías pero dejo para los especialistas médicos la labor de saber que hay dentro de los cientos de mentes criminales que han recorrido y recorren nuestras calles. Sin embargo para hablar de asesinos, sean seriales o no, es necesario intentar adentrarse en su mente y en su cuerpo para intentar comprender “como o porque“ en algún momento de su vida algo salto en su cerebro y les llevo a arrebatar la vida a otros hombres. Es por lo tanto casi una obligación entrar en un tema que siempre ha estado en el candelero desde hace más de treinta años y es la pregunta: ¿Existen los asesinos por naturaleza?

La historia está llena de personajes que a su paso han dejado un rastro de horror que permanecerá para siempre en nuestras cabezas. Casos como el de Guilles De Rais o Erzsébet Báthory con más de 630 muertes encabezan una macabra lista en la que cada vez más gente escribe su nombre.

FACTORES PSICOPÁTICOS

Psicopatas que cruzan la línea de la cordura encerrándose en su locura. Locos en un claro déficit emocional y con una ausencia notable de pena, empatía y remordimiento. Personas manipuladoras, mentirosas, crueles y con un grado de egocentrismo elevado a la enésima potencia. Suelen ser personas con un enorme encanto superficial y en muchos casos con un carisma desproporcionado.

Tratados como enfermos mentales en muchísimas ocasiones acaban sus días en instituciones mentales. Pero tal vez pueda haber algo más que una mera enfermedad mental, tal vez no todo este en sus mentes.

¿Podemos creer en una tara cromo somática? Es muy probable que científicamente hablando encontremos opiniones discordantes a este respecto y es muy probable que en función del planteamiento que cada experto quiera hacer, la respuesta a la pregunta sea distinta. Precisamente por esto veo necesario aclarar en este artículo  simplemente lo que “hay” y se sabe.

El análisis  de la conducta criminal, en el ser humano es tan antiguo como la historia del hombre mismo. Las causas que provocan esta conducta, al igual que la conducta agresiva y antisocial, siempre ha sido motivo de estudio, generando dos corrientes: Los que consideran que las causas están en el medio ambiente en que se desarrolla el individuo (influencias de la educación, familia, entorno, problemas socioeconómicos, etc.) y los que consideran que el sujeto nace ya con ciertas taras genéticas o bien las adquiere posteriormente a causa de una enfermedad. En resumen “congénitas o adquiridas”. En muchos casos como la creencia del desarrollo de una enfermedad mental en la infancia toma bastante forma como en el caso de Guilles De Rais personalmente me permito englobar a estos personajes en el primer grupo ya que el desarrollo, prematuro o no, de dicha enfermedad viene dado por su entorno.

Fueron ya en la antigüedad los profetas bíblicos los que intentaron predecir no sólo los desastres sino también el crimen, determinando quién podría llegar a ser criminal identificable por su glotonería o su intemperancia en la bebida. El tiempo ha cambiado y así los varemos pero no el objetivo, ni la ambición, determinar el posible índice de criminalidad de un individuo, en función de su comportamiento, y ahora también de su genética.

La polémica continúa aún en nuestros días, pero ha visto épocas en que se ha reactivado en uno u otro sentido por algún descubrimiento o avance de la biología, o por la interpretación por parte de algún investigador de hechos más o menos reales.

Casos como el de Cesare Lombroso  y su “Nuova Scuola”  que a  finales del siglo XIX construyo todo un símbolo  con su obra "El hombre criminal". Sus tesis y quienes las siguieron se fueron apagando con los descubrimientos de la medicina y la biología y hoy son solamente un recuerdo histórico, pero no dejan de ser una prueba de la curiosidad del hombre por conocer al hombre y lo que le impulsa a matar.

Por su parte Franz Gall  en sus estudios intento relacionar la forma del cráneo y las modificaciones de su superficie con los caracteres, tendencias, habilidades, etc. del hombre, intentando predecir el futuro de su comportamiento con la simple exploración del cráneo. Teorías que con los conocimientos de principios del siglo XIX parecían sostenerse pero que el tiempo y  los descubrimientos de la Neurofisiología se desvanecieron.

Como siempre suele ocurrir, una tendencia distinta surge en determinados momentos de la Historia: a aquellos para quienes la “Herencia” lo era todo y a aquellos para los que el “ejemplo y la educación” son las causas de los problemas se unieron los eclécticos que consideran que el término medio es siempre el más acertado, personalmente yo creo que es así, creyeron que ambos factores, el congénito y el adquirido podrían combinarse y dar lugar a la conducta antisocial o en último extremo al crimen. Tal era la opinión del Dr. Court Stern, Profesor de Genética de la Universidad de Berkeley, California, que consideraba como probable respuesta, la asociación de una alteración cromosómica con el medio ambiente en que desarrollaba su vida el individuo.

Como opinión personal he de decir, que no creo en el asesino en serie por naturaleza, pero sí creo en que según qué factores o alteraciones mentales junto con según que vivencias y experiencias pueden desembocar en que una persona mate, e incluso lo haga en serie, tras descubrir el poder que arrebatar una vida sin un remordimiento posterior puede dar al ser humano.

Es muy probable que en un futuro se pueda analizar a quien mata para ver su predisposición genética al crimen y esto sea una ciencia exacta, incluso en la mejor “ciencia ficción” se sueña con que un día, espero sinceramente que muy lejano, puedan detectar en el mismo feto posibles factores, físicos, químicos y genéticos y que puedan ser corregidos, creando así una sociedad donde el crimen solo sea un accidente mental aislado. Pero aunque esto pueda ser realidad en un futuro, siempre quedaran en nuestras mentes, aquellos que en la historia forjaron el pasado, el presente y el futuro de los asesinos en serie.

Lo que es cierto es que en los últimos años la biología es una de esas ramas que han crecido a pasos agigantados, la predisposición genética de muchas enfermedades ha dejado al descubierto todo un mundo todavía por explorar que en un futuro podrá proporcionarnos las respuestas a cientos de incógnitas que hoy simplemente son un misterio. Quizás algún día sea la ciencia la que pueda explicarnos la predisposición del ser humano al “Placer de matar”.

Pero eso lo dejo mejor en manos de los científicos y ahora vamos a intentar explicar lo que humildemente está en mis manos sobre si el asesino nace o se hace.

XYY, EL CROMOSOMA ASESINO

El avance de la biología, como en cualquier avance científico, ha hecho que cientos de teorías salgan a la luz, con más o menos acierto, y que corran de boca en boca como si de una verdad aplastante se tratara. Así se crea en la sociedad una “especie” de leyenda urbana que no sabemos qué tiene de realidad y de ficción.

Una de esas leyendas que la biología ha proporcionado a la sociedad es la teoría de la existencia del que se ha dado en llamar  “cromosoma del asesino” una “anomalía genética“ que se cree que puede explicar el comportamiento psicopático de algunos individuos y que se engloba dentro de las mutaciones o aberraciones cromosomáticas.

El síndrome XYY es una enfermedad cromosómica que afecta a varones, que se engloba en el grupo de “enfermedades raras”. Está causado por una trisomía sexual que produce la existencia de un cromosoma Y adicional. Los individuos afectados son generalmente muy altos y delgados. La mayoría presenta un acné severo durante la adolescencia. Pueden asociar también problemas antisociales o del comportamiento y los individuos afectados suelen tener una inteligencia inferior a la media.

Las mutaciones o aberraciones cromosomáticas son alteraciones en el número o la estructura de los cromosomas, estas mutaciones se producen durante la gametogénesis  y pueden afectar al individuo tanto física como mentalmente. Tal es el caso de los individuos XYY y XXY.

En 1948 Murray Barr descubrió en el núcleo de las células el cuerpo o concentración cromatínica que se dio en llamar “Cuerpo de Barr” en este momento los biólogos, genetistas, médicos, histólogos, se interesan por el sexo cromosómico. Son cientos los estudios que se pueden encontrar sobre la cromatina llamada sexual que se generaron en esta época.

En 1961 sale a la luz el primer informe, realizado por Avery A. Sandberg que trabajaba para en el “Roswell Park Memorial Institute” de Buffalo, sobre un sujeto con 47 cromosomas, entre los que se encontraba un cromosoma XYY, en lugar de los 46 que conforman normalmente las células humanas (23 parejas), todavía en este momento la existencia de este cromosoma no se relaciona con la conducta humana sino que se toma como una curiosidad biológica.

Fue un pequeño trabajo de François Jacobs , apoyándose en otro anterior de Court Brown de 1962, el que desato la caja de Pandora sobre el cromosoma XYY. En su trabajo realizó un estudio de 197 pacientes de conducta peligrosa,  recluidos en el “State Hospital de Lanarkshire” de Escocia, entre los que encontró 7 varones con un cromosoma XYY.

A partir de este momento son  muchos investigadores que se interesan por los trabajos de Jacobs, comienzan a estudiar este tema y hacen encuestas para averiguar el cariotipo  de los individuos recluidos en cárceles y hospitales de máxima seguridad con conducta agresiva. En ese cariotipo buscan la existencia de un doble cromosoma Y, el característico del sexo masculino. Un varón normal tiene un sexo cromosómico XY, donde la X corresponde a la mitad de la cromatina de la célula materna y la Y a la mitad de la cromatina paterna. Pero en ciertas ocasiones y sin saber a ciencia cierta por qué razón, no se produce la disyunción, añadiéndose toda la cromatina sexual paterna YY, sin que ésta se halla dividido en dos mitades durante la fase de meiosis celular .

Los estudiosos del tema comienzan a encontrar un elevado número de varones, con cromosomas XYY, entre los reclusos de penales y manicomios. La mayoría eran violentos, agresivos, peligrosos, de conducta criminal.

Fue esto lo que condujo a la idea, predominante en los años 60 del siglo pasado, de que el estudio del cariotipo podría permitir predecir conductas violentas y de predisposición al crimen.

Es llegados a este punto cuando los investigadores y científicos  comienzan a plantearse preguntas trascendentales y que todavía hoy se siguen formulando, preguntas como: Un individuo con un cromosoma XYY, ¿es responsable de su conducta o el poseer este cromosoma es un atenuante de su culpa? ¿Son todos los individuos que poseen este cromosoma criminales en potencia?

La respuesta a alguna de esas preguntas es evidente, ya que sería rocambolesco pensar en que todos los individuos con dicho cromosoma puedan ser criminales. Aunque sinceramente creo que sería igual de rocambolesco pensar en lo contrario, es prematuro todavía hoy poder tomar un juicio justo.

Estudios estadísticos realizados en Estados Unidos a mediados de los años 70 del siglo pasado señalaron que si la población de varones en Estados Unidos era en la época del estudio de 110 millones, habría aproximadamente unos 200.000 con cromosomas XYY. Indicaban a su vez que de un millón de criminales solo unos 3200 tendrían este cromosoma, por lo que como podemos comprobar predecir que unos 200.000 podrían cometer un crimen es una premisa falsa, ya que según los cálculos esto solo ocurriría en 1,5% de los datos. Podemos decir además que como conclusión de la mayoría de los estudios obtenemos que la conducta antisocial de los varones poseedores del cromosoma XYY no es, probablemente, muy diferente a la de los individuos de la misma clase social y antecedentes no poseedores de dicho cromosoma.

Entrar en el detalle de muchos de estos informes es algo que se escapa totalmente de mi  objetivo, pero considero importante mencionar algunas conclusiones obtenidas de los mismos, porque son dichas conclusiones las que aportan claridad a este barullo de nombres y datos.

Una de las más importantes desmonta un mito sobre este cromosoma que se lleva arrastrando durante ya demasiados años y es el hecho de que todos los investigadores estuvieron de acuerdo en afirmar que el cromosoma XYY no era hereditario sino que surgía individualmente sin saber la razón de ello. Podemos descartar por lo tanto esa falsa creencia de las familias de criminales por herencia que muchos medios se han encargado de transmitir y que tantos escritores han afirmado. Como explique antes esta anomalía se produce durante la fase de meiosis, sin ninguna relación con los antecedentes familiares ya que lo que sucede es que toda la cromatina del espermatozoide se combina con la mitad de la cromatina del óvulo materno.

Son muchos los investigadores que consideran que los sujetos XYY y otras anormalidades cromosómicas son más frecuentes en grupos deprimidos socioculturalmente, sin embargo existen muchas discrepancias a este respecto.  Una de las más fuertes polémicas que produjo el tema fue motivada por la encuesta realizada por los Drs. Standley Walzer y Park S. Gerald en el “Boston Hospital for Women” dependiente de la Universidad de Harvard en 1968. Estos investigadores determinaron el cariotipo y la clase social paterna de 10.348 recién nacidos sin hallar diferencia significativa en la clase social paterna asociada con la aparición de cariotipo con XYY y XXY. Esto para los autores demostraba que los factores socioeconómicos no afectaban a la frecuencia de las anomalías. Estos investigadores consideran que los sujetos XYY tienen una "enfermedad" y que los niños que la "padecen" deben ser sometidos a vigilancia y tratamiento médico como se haría en cualquier otra enfermedad. Se presentaba un caso por cada 1.000 nacimientos, tanto como el Síndrome de Down.

Algunos estudios han permitido determinar que no todos los casos XYY presentan desviaciones de la conducta ya que hay muchos que son normales y no han tenido problemas con la Justicia. Pero también como realidad se ha demostrado la marcada conducta antisocial de los individuos con este cariotipo.

Como conclusión final obtenemos que el ambiente en el que nos desarrollamos  marca nuestro futuro comportamiento y la posibilidad de fomentar una psicopatía que convierta a cualquier individuo en un asesino en potencia. Si bien el cromosoma XYY puede ser un potenciador no se puede considerar un detonante ni una causa de criminalidad.

Desde que este cromosoma salió a la luz siempre se ha señalado a los niños con cromosomas “XYY” como inclinados hacia la criminalidad. Estos niños en la edad adulta, terminan tarde o temprano en alguna institución psiquiátrica, debido a su escasa inteligencia y a síntomas disfuncionales aislados que no les permiten alternar normalmente con los demás. Por ello se tornan agresivos aunque no son pocas las teorías de que dicha agresividad viene dada por la posesión en sí del gen, la realidad es que los individuos con este cromosoma están predispuestos a la violencia y esta predisposición en muchos casos desemboca en la criminalidad.

Son poco atentos y con frecuencia se vuelven solitarios pues en una sociedad de consumo, no se requiere estar mentalmente enfermo para tornarse agresivo. Una de las características que marcan a los individuos poseedores de dicho cromosoma es la falta de empatía hacia los sentimientos ajenos, que desemboca en una falta de remordimiento, desapareciendo así el único freno que en muchos casos puede llevar a matar.

“La falta de empatía, pena y remordimiento ante el sufrimiento ajeno es un síntoma común a todos los individuos que desarrollan una psicopatía asesina no solamente de los poseedores del XYY”

Con la detección a temprana edad, cuando aún es un feto, del cromosoma asesino “XYY”, muchas madres prefieren abortar. Otras, en cambio, esperan, porque no está comprobado linealmente que tal elemento torne automáticamente asesino o retrasado mental a una persona, puesto que es uno de varios factores que inciden y no es de ninguna manera el determinante, como se quiere hacer ver incluso por científicos reputados y muy capacitados en áreas de genética.

Los partidarios de la tesis de que el poseedor del cromosoma “XYY” es un asesino, han pretendido reducir a mero impulso físico, lo que sin duda, pertenece en gran medida al ámbito moral. En su afán de quitar todo vestigio de la actuación moral, pretenden reducirlo a meros impulsos cromosomáticos, hasta ciertos puntos ciegos o, en cualquier caso, superiores al compuesto anímico y moral del ser humano.

A nivel jurídico, en los juicios efectuados tanto en Francia, Estados Unidos, Inglaterra y Australia, sólo en tres de 87 casos ha sido aceptado como atenuante o eximente  el que el acusado  poseyera el  cromosoma “XYY”. Pero la proporción de los perturbados mentales con cromosomas normales es mayor, así como la de psicópatas sociales y de psicópatas sexuales.

La moda de colocar el membrete de “asesino” a un varón con cromosoma “XYY”, sigue en algunas latitudes. Sin embargo en países como Francia se investiga concienzudamente y en ningún caso, pese a lo amplio del equipo humano que ha hecho el análisis, se podría establecer con certeza que un poseedor de cromosoma “XYY” es un asesino real y potencialmente peligroso, si se le deja libre. En Inglaterra en el juicio se evita mencionar la posesión de dicho cromosoma si el acusado lo posee para no influir al jurado.

En España no se conoce ningún caso donde la posesión del cromosoma XYY haya sido un eximente o atenuante de pena, pero si casos de asesinos tristemente famosos, como el “Arropiero”,  que poseían dicho cromosoma.

Personalmente creo que dicho cromosoma puede provocar en un entorno de desarrollo determinado ciertas anomalías en la personalidad que pueden desembocar en la creación de perversas mentes criminales, pero que en ningún caso es la genética en sí misma la que proporciona la psicopatía.

Pero si es cierto que una persona que tiene una predisposición genética a no poder desarrollar empatía por los sentimientos ajenos, que se crie en un entorno poco controlado, sin valores familiares (o con valores familiares no adecuados) y en un entorno preeminentemente violento, pueda acabar siendo un sádico criminal que ante la ausencia del valor del dolor ajeno justifique sus actos con una normalidad que incluso pueda llegar a asustarnos. Pero la posesión del cromosoma en sí mismo no es un elemento determinante a la hora del desarrollo de una psicopatía.

CUESTIÓN DE QUÍMICA

Una de esas teorías que cobran más fuerza y que muchos científicos y criminólogos adoptan como verdad absoluta es la de las reacciones químicas del organismo.

Los  seres vivos están caracterizados, entre otras cosas, por poseer una organización celular, es decir determinadas moléculas se organizan de una forma particular y precisa e interactúan entre sí para establecer la estructura celular. Las células son los pilares que forman los tejidos mientras que las moléculas son los bloques con que se construyen las células.

Una de las fuerzas impulsoras en la naturaleza es que la materia tiende a alcanzar el estado de energía más bajo posible, este estado de menor energía implica una mayor estabilidad, en las moléculas los núcleos y los electrones de los átomos interactúan, logrando una mayor estabilidad. Todo lo que sucede son un conjunto de reacciones químicas entre elementos, por lo que podemos decir que:

“Todas nuestras actuaciones se deben a la interactuación química.”

Las hormonas son sustancias secretadas por células especializadas que pertenecen al grupo de los mensajeros químicos, que incluye también a los neurotransmisores y las feromonas.

 La testosterona es una hormona que se produce en los testículos del hombre aunque la mujer la posee también en cantidades mucho más bajas, siendo en ambos casos determinante para determinadas cuestiones del organismo. Esta hormona es también la responsable del crecimiento muscular y físico de las personas. Es la reguladora del apetito sexual y la que provoca cosas tan básicas como el sentido del humor y el sentimiento de bienestar.

Los bajos niveles de testosterona pueden provocar en la persona ansiedad, depresión y falta de apetito sexual, problemas serios como podemos ver. Pero un alto nivel de esta hormona provoca un exceso de agresividad y propicia la destrucción de las células.

Hecha esta explicación. El cómo afecta la testosterona en forma real en el comportamiento del individuo es básico, un alto nivel de testosterona provoca la necesidad de dominar, es por este hecho que muchos deportistas y hombres de negocios tienen altos niveles de esta hormona, y es el motivo por el que en determinados deportes sus practicantes la consumen (testosterona artificial) aunque realmente es algo del todo absurdo, porque si bien ayuda al desarrollo muscular, no lo hace a su fuerza.

Los altos niveles de testosterona en el organismo no lleva implícito que todos aquellos que los tengan tienen que desarrollar una agresividad extrema, ni que por ello todos sean grandes deportistas u hombres de negocios ya que existen en el mismo organismo grandes supresores como es la serotonina que regula los picos de tensión emocional.

El problema de los altos niveles de testosterona se produce cuando coincide con bajos niveles de serotonina y es cuando el individuo puede desarrollar tal nivel de agresividad que no pueda reprimirla racionalmente, aunque esto no convierte a nadie en un asesino. No obstante dado este estado en cualquier persona ha de ser sometida a un tratamiento médico que regule esta situación, ya no por su agresividad sino por la destrucción celular a la que se somete a su cuerpo. Es cierto que esta violencia masculina se proyecta sobre todo sobre mujeres y niños, pero en si mismo esta fallo del organismo no nos convierte en asesinos a no ser que se alie con otros factores.

Lo que químicamente si podemos afirmar es que metales como el manganeso, hierro, cadmio y cobre, han sido detectados en muchos de los grandes criminales de la historia. Cualquier metal provoca (al igual que el alcohol, ya que acentúa la contaminación de metales en sangre) una bajada drástica de serotonina y por lo tanto un desequilibrio en la testosterona que disparan la agresividad. Siendo en muchos casos el alcohol el detonante de la “violencia de género” por este mismo motivo, vemos como el factor químico y al contrario que sucedía con XYY, si se convierte en un factor definitivo hacia la conducta criminal.

Pero de nuevo y al igual que nos sucede con el “Cromosoma del asesino” no son la causa del nacimiento de un asesino, ya que elementos externos como el alcohol son necesarios, sino lo combinamos con otros factores que hagan que el funcionamiento químico de nuestro organismo desemboque en un absoluto caos mental.

CONCLUSIÓN

Ni la posesión de XYY o XXY o algún tipo de tara cromosomática, ni un fuerte desequilibrio químico aun derivando en  un exceso de agresividad son detonantes en sí mismos del desarrollo de una psicopatía. Pero si pueden llegar a serlo si son combinados con otros factores como es el “desarrollo social” en la niñez y la adolescencia.

Si bien en algunos países la posesión del cromosoma XYY se usa como atenuante ante delitos de sangre en ningún caso debe ser eximente a no sé que vaya acompañado de una deficiencia mental, momento en el cual es esta enfermedad mental la alegante o atenuante.

Como conclusión podemos obtener que no existir en sí mismo el “Asesino por naturaleza”, nadie nace asesino se hace asesino cuando por la unión de varios factores desarrolla una psicopatía. Ahora bien hay que tener en cuenta que el poseer alteraciones cromosomaticas y/o químicas en el organismo en determinadas circunstancias puede ayudar al desarrollo de una psicopatía criminal.