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Expulsando demonios

La posesión demoniaca es tan antigua como la religión misma y se asocia al apoderamiento del espíritu del hombre por uno o más demonios. Comúnmente se asocia el mal de la posesión a la religión católica, sin embargo no es ni mucho menos la única religión que considera la existencia de demonios que causan algún tipo de malestar mental, físico o espiritual.

En la Biblia Hebrea se habla de dos tipos de demonios: los “E`irim” y los “Shedim” ambos son demonios que pueden causar males a los hombres, espiritualmente hablando; En la religión Islámica encontramos a los “Jinn” descritos como entes que pueden aparecer especialmente en forma de serpiente para hacer maleficios a los hombres; Y en culturas orientales como la japonesa encontramos a los “Oni” a los que el folclore les atribuye la posibilidad de comerse a los hombres y poder provocarles cualquier tipo de mal.

Como podemos ver cada religión perfila las posesiones demoniacas según sus principios pero en todas y cada una de ellas en las que existe la posesión existe el rito que libera el alma del poseído de tan maligna ocupación este rito es lo que conocemos como exorcismo.

Llamamos exorcismos a la acción de expulsión de una fuerza maligna, mediante un determinado rito religioso, de la persona poseída.

Cada iglesia aplica sus propios métodos, pero siempre a través de sus representantes, esta es la primera diferenciación entre un exorcista, el pobre diablo que se cree con el poder de expulsar a fuerzas que ni tan siquiera se atreve a conocer y el loco que simplemente se cree algo menos que un Dios.

El exorcismo católico, que es el habitualmente practicado en España, tiene su base en los textos evangélicos donde se narran las liberaciones y expulsiones de demonios que realizó Jesús como con los endemoniados de Gadara (Mt. 8,28 ss).

Uno de los exorcistas más activos que nunca ha tenido la iglesia católica fue Jacinto Verdaguer, este escritor catalán también tuvo una prodiga carrera eclesiástica que le llevo a la indigencia y la desesperación espiritual.

Desgraciadamente no todos los exorcismos realizados son autorizados por la iglesia y ni mucho menos realizados por exorcistas que “saben” lo que hacen estos son los que acaban normalmente en tragedia y esos son el objetivo de este artículo.

 

EXPULSANDO DEMONIOS, DE REDENTOR A PSICÓPATA

¿Qué sucede cuando un hombre supera la línea entre la cordura y la locura y en nombre de Dios se erige exorcista sin ni tan siquiera tener una idea real de lo que esto significa?

En todas y cada una de las religiones que tienen la creencia de la posesión diabólica existe la figura del exorcista, una figura que autorizado por su superior eclesiástico realiza el rito de expulsión.

Desgraciadamente en el mundo existen infinidad de casos de “supuestos” exorcistas que tras manchar sus manos de sangre y echarle la culpa a un misticismo desconocido han pasado a formar parte de la crónica negra de todo el mundo.

En España existen muchos casos de asesinatos cometidos impunemente en nombre de Dios y culpando al diablo de posesión se cobra la vida de inocentes que nada tienen que ver con el diablo ni con Dios y si con la locura elevada a la enésima potencia de exorcistas de tres al cuarto.

Como ya he dicho los casos se cuentan por decenas, la mayoría de ellos han pasado desapercibidos y ni tan siquiera los medios se hicieron ecos de ellos, sin embargo hay algunos que personalmente llegan al alma por su crueldad, por su víctima o porque simplemente y por muy acostumbrado que estés a tratar según qué temas todos tenemos un corazón que sufre ante la muerte de los inocentes.

Exorcismos practicados, por personas que cruzaron la línea de la cordura, con un final trágico hay cientos pero en España hay algunos que solamente de pensar en ellos el sueño se esfuma. Y este es el foro ideal para recordar dos de ellos que para muchos serán nuevos y para otros unos viejos conocidos pero para todos fueron actos de crueldad cometidos en nombre de Dios para expulsar falsos demonios “el exorcista de Córdoba” y “el exorcismo de Almansa”.

 

EL EXORCISMO DE CORDOBA

Nuestro primer “exorcista” nos hace retroceder en el tiempo al año 1987. Su nombre Álvaro Rafael Bustos y aunque su trágica historia comenzó muchos años antes, allá por 1971, su final llego una fría noche de invierno de 1987.

Álvaro Bustos no era un desconocido, alcanzó su máximo apogeo de fama en 1971 cuando el trío que lideraba “Trébol” deleito al panorama musical con su canción “Carmen, Carmen, Carmen”. La fama les duro unos años y muchas de sus canciones se hicieron imprescindibles en los guateques de la época, temas como “Música eres tú” y “María Rosa”, pero la fama casi siempre es efímera y en 1977 tras siete gloriosos años “Trébol” se disolvió.

El resto de los miembros del grupo poco a poco consiguieron superar el varapalo, sin embargo un inquieto, musicalmente hablando, Álvaro no estaba dispuesto a abandonar el sueño de la música. Lo intenta una y otra vez pero esa fama que le llevo a las nubes se había esfumado y no volvería. Tras grabar varios temas, que no logró promocionar realiza su última incursión musical con “Salve la paz” que nunca llego a ver la luz. A partir de ese momento y eclipsado en Córdoba por la figura de su padre, violinista y director del conservatorio Cordobés, Álvaro se hunde en su propia autocompasión sumiéndose en una profunda depresión.

Sin actividad remunerada conocida y tras muchas discusiones con su padre este mantiene el ritmo de su hijo proporcionándoles mil pesetas diarias, esto lejos de ayudar al joven le hunde aún más. Se hace asiduo a los foros de brujería, devorando los libros sobre este tema. Se hace asiduo visitante de adivinadores y espiritistas y no sabemos muy bien en qué punto pierde el norte de la razón.

El 4 de enero de 1987  Álvaro llega a la casa, que comparte con su padre, en la calle San Eulogio de Córdoba, parando antes como muchas otras tardes a comprar unos dulces en un pequeño puesto. Hasta aquí una tarde más, los hechos sucedidos a continuación nada tienen de normales y llevaron a una tragedia que en nombre de Dios le convirtió a él en el Diablo.

Tras llegar al domicilio se encierra en su habitación y descuelga la barra de las cortinas que cubren su ventana y la parte comenzando a sacarle punta, como si fuera un lapicero, con un alicate. Afilar la barra de madera le llevo horas pero él parecía no desfallecer. Tras convertir una barra de cortina en una estaca, la restregó en ajo y la hundió en sal, ya estaba listo para salvar el alma de su padre.

Tras dar la vuelta a todos los espejos de la casa, para que el diablo no pudiera escapar, se dirigió con sigilo al dormitorio de su padre donde este descansaba, eran las once de la noche pasadas.

El anciano despertó en cuanto oyó la puerta, era de sueño ligero. Sin poder articular palabra contempló como Álvaro derramaba sal por todo el dormitorio, con la firme creencia de que la sal debilita al diablo tal y como había leído en diversos libros. Tras descolgar todos los espejos de la estancia se sentó en el borde de la cama, donde su padre se encontraba atónito ante lo que estaba viendo, tenía una conversación que llevar a cabo.

Álvaro Bustos nunca desvelo el contenido íntegro de la conversación aunque confesó que le pidió a su padre que reflexionara sobre su vida y como se había comportado. Parecía estar sometiendo a su padre a un juicio sumarísimo y en cierta forma lo era, era su juicio final.

Tras la terrorífica charla Álvaro Bustos saca la estaca, que tenía escondida debajo de su jersey y la clava con fuerza en el pecho del anciano, esta desgarra el corazón y llega hasta la columna vertebral del anciano causándole la muerte en unos segundos.

Álvaro temiendo que el diablo pudiera revivir el cuerpo corto los talones, con una daga curvada, para que no pudiera escapar y envolvió el cuerpo en una manta. Nuestro exorcista, aquel trabajo no había terminado, el diablo estaría en aquel cuerpo hasta que trascurrieran veinticuatro horas o se quemar el cuerpo poseído.

A las cinco de la madrugada sale con el Seat 127 familiar del domicilio con el cuerpo de su padre en el asiento del acompañante con varios cachivaches encima para disimular el envuelto cadáver.

A la una del mediodía llama a un amigo suyo pidiéndole las llaves de una finca que tenía en el campo, según le dijo “tenía que quemar al diablo”. Su amigo al principio se cree que esta de broma y queda con él, en este encuentro y tras entregarle las llaves distingue los pies de un cadáver en el coche de Álvaro se presenta en comisaría para denunciar los hechos.

Álvaro se pierde en el campo y esta varias horas dando vueltas, finalmente se equivoca, por culpa de la densa niebla, de finca y se adentra en el rancho “La Priorita”, el reloj marca las cuatro de la tarde. Tras esconder el coche comienza a preparar una especie de cama incineradora donde se dispone a quemar el cuerpo de su padre, aunque para su perturbada mente fuera el diablo. Una hora más tarde el guarda de la finca alertado por sus hijos. Álvaro se justifica.

“Voy a preparar un fuego porque esta noche vendremos aquí  unos amigos a comernos unas chuletas. No se preocupe por nada tengo permiso del dueño.”

En aquel momento Pedro, el guardia no teme ni sospecha nada en aquel momento, para él todo aquello es un error y así se lo dice a Álvaro que viéndose en peligro decide volver a la ciudad sin quemar el cadáver.

Mientras sucede todo esto la mujer de la limpieza que trabajaba en casa de los “Bustos” se alarma al llegar al domicilio familiar y encontrarse una nota que la decía “Tomate el día de vacaciones y vuelve mañana”. Esa no era una actitud normal del dueño de la casa y sin saber muy bien porque decide acudir a la consulta veterinaria de un hermano de Álvaro, este extrañado acude al domicilio y tras ver el ensangrentado dormitorio acude a la policía.

Álvaro Bustos vuelve a Córdoba y se marcha tranquilamente a ver la cabalgata de los reyes magos. A la una de la madrugada y transcurridas veinticuatro horas de la muerte de su padre, y ya seguro de que el diablo no podría revivir se dirige a comisaría y se entrega.

Durante el juicio celebrado en julio de 1987, Álvaro hablo de su padre como la encarnación de Satanás y aseguro que si bien lloro su muerte no lloro la muerte de Satán. Un estudio psiquiátrico desvelo que Álvaro Rafael Bustos sufría de una paranoia que le hacía creerse “hijo de Dios” y que no era consciente de sus actos cuando mató a su padre.

El exorcista de Córdoba ingreso en un psiquiátrico del que saldría años más tarde para desaparecer para siempre. Hoy en día se ignora su paradero.

De la fama al anonimato que le llevo a la locura de como “hijo de Dios” exortizar a su padre. Uno de los casos de exorcismo más espeluznantes que se han vivido en España y que todavía hoy resuena en la boca de muchos Cordobeses.

 

LA EXORCISTA DE ALMANSA

Después de que Álvaro Bustos acabara con la vida de su padre la sociedad española creía haberlo visto todo, pero ni mucho menos era así.

A medida que la sociedad se desacostumbraba a cuarenta años de ultracatolicismo los curanderos, adivinadores y toda clase de personas con supuestos poderes “sobrenaturales” aparecían hasta debajo de las piedras, con su aparición y más fuerte que nunca el nombre del diablo cogía más fuerza y mientras la Ouija se convertía en el juego de moda de los adolescentes en 1990 un exorcismo nos sobrecogió no por el hecho en sí, sino por su víctima una niña de once años a la que su progenitora sometió a un exorcismo. Algo tan terrible que solo el pensamiento me eriza el vello.

¿Qué puede pasar por la cabeza de una madre para arrebatar la vida de una hija de una forma tan cruel? Lamentablemente no tengo esa respuesta, pero si puedo asegurar que en septiembre de 1990 de nuevo en nombre de Dios se quiso expulsar a Satán y una víctima inocente murió en el trance.

Almansa fue uno de esos nidos de sanadores, una de esas ciudades donde la espiritualidad cada vez tomaba más forma. Una de las más prestigiosas sanadoras de esa ciudad era Rosa Gonzálvez Fito, bautizada como curandera "Hermana de la Luz". Cuanto más prestigio ganaba como sanadora más ascendía su supuesta cercanía a Dios y odio a Satán.

Pero algo diferenciaba a Rosa de muchos otros sanadores, la cercanía a la gente, su simpatía algo que hizo que su número de clientes para la imposición de manos creciera enormemente hasta el punto de que su esposo, Jesús Fernández Pina, dejo su trabajo para hacer de algo parecido a un secretario personal. Nunca comprendió ni compartió las actividades de su esposa pero aquella decisión en aquel momento le pareció lo mejor, desgraciadamente eso no cambio el desgraciado futuro.

Su hija “Rosita” creció en ese ambiente en el que su madre a modo de Dios curaba males incurables, realizaba sesiones espiritistas y un largo etcétera de actividades poco recomendables para un niño pero más que normales para la hija de la sanadora.

Sin embargo los hechos que se produjeron el 18 de septiembre de 1990 superaban todo lo que ya no solo esa niña pudiera esperar sino lo que nadie con la mente no perturbada podría esperar. Aquel día Rosa Gonzalvez salto una barrera que nunca debería haber cruzado de “sanadora” a “exorcista” desgraciadamente sin iglesia.

Fue el 15 de septiembre cuando comenzó a gestarse el macabro exorcismo y comenzó el principio del fin de la vida de “Rosita”. Rosa Gonzalvez había salido a cenar ese día con dos amigas, Ángeles Rodríguez y su hermana Mercedes. Durante aquella cena Rosa se quejó a sus amigas de que no se encontraba bien y realmente estaba muy demacrada. A mitad de la velada comenzó a decir incoherencias y a desvariar. Sus amigas no supieron que hacer la acompañaron a su casa pensando que necesitaba descansar.

Al día siguiente, 16 de septiembre Rosa llama por teléfono a su amiga Ángeles pidiéndola que fuera a su domicilio. Cuando esta llega la “sanadora” la dice que el espíritu de su marido, Martín, había tomado posesión de su cuerpo y del de sus hijos. La ingenua mujer la cree y se pone a su disposición para que la libre de las “malas intenciones” del espíritu de su esposo. Desde las 15:30 hasta las 23:00 la ya convertida “exorcista” mete insistentemente la mano en la boca de los hijos de su amiga para que expulsen sus diablos vomitando. A las 11 de la noche el marido de Ángeles se presenta en el domicilio de Rosa para llevarse a su familia consigue llevarse a sus hijos pero su mujer no accede y se queda.

El día 17 de septiembre Mercedes, hermana de Ángeles, se presenta en casa de Rosa y se encuentra a la sanadora y a su hermana desnuda en la cama mientras afirman “Somos Jesucristo y la Virgen y nos vamos a casa". Jesús Fernández viendo a su mujer fuera de sí avisa a su hermana y a su cuñada con la intención de que la calmaran. Toda la comitiva se encuentra en el dormitorio donde las dos mujeres desnudas no dejan de decir incoherencias y de temblar. Rosa no deja de decir que su hija “Rosita” había sido poseída por el demonio, la tragedia se masca sin que ninguno de los presentes haga nada.

Finalmente y cuando las mujeres están más calmadas Mercedes y la hermana y cuñada de Rosa abandonan la casa. Rosa y María Ángeles se quedan juntas en la cama, Jesús está asustado pero tiene una hija que cuidar. Pasada la media noche Mercedes vuelve a casa de Rosa. Entre gritos ordenan a su marido que traiga a la niña, él no sabe negarse y lleva a la niña al dormitorio con las tres mujeres. La niña es obligada a desnudarse y a tumbarse en el suelo. Su madre, Rosa Gonzalvez, explica a su hija que tiene en su interior la semilla de la oscuridad pero que ella va a ayudarla, la niña no desconfía en aquel momento de la madre.

“Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la niña no se encuentra bien.”

Dice Mercedes mientras contempla como la niña no deja de temblar, una mezcla de nervios, miedo y frio se había apoderado de su joven cuerpo.

“¡Maldita sea! El mal está dentro de ti” Grita Rosa totalmente fuera de sí. Rosita no entiende nada. El padre fuera de la habitación no se atreve a interrumpir en la escena temeroso de la reacción de su esposa.

Rosa comienza a golpear violentamente a su hija, que intentan a voz en grito decirla que ella no tiene ningún mal y a forcejear. Finalmente y tras oír los llantos de su hija, Jesús entra en la habitación pero es expulsado violentamente.

Las tres mujeres y Rosita se trasladan a la habitación de la niña que tiene dos camas, atrancan la puerta con una de ellas y se disponen a continuar lo que parece un aquelarre más que un exorcismo.

Rosa abre las piernas de su hija y le introduce sus manos en la vagina rasgando todo lo que encuentra a su paso. Mientras las hermanas Rodríguez jalean “¡Sácalo! ¡Sácalo!”

“¡Mamá!, ¡por favor!, ¡acaba ya!, ¡acaba ya!”

Estas son las últimas palabras. La niña grita, patalea, se revuelve destrozada por un dolor indescriptible, su madre, fuera de sí, no se detiene. Ya son dos manos las que arrasan el interior de la niña. Finalmente la “exorcista” arranca los ovarios, los intestinos, la vagina. La masiva pérdida de sangre provoca un shock en la niña que termina con su vida, aun así su madre continua arrancando vísceras. La demente solo se detuvo cuando así se lo pidió la voz de su hermana, Ana Gonzalvez, que desde el otro lado de la puerta la pide que abra.

No se sabe muy bien porque pero las mujeres acceden y abren la escena que se encuentra Jesús y la hermana de Rosa es aterradora. “¿Pero que habéis hecho?” Rosa mira a su hija como sino comprendiera lo que su hermana la quería decir, sus ojos se inyectan en sangre:

“Tú eres la clave; necesitamos tus ojos para que la niña reviva.”

Las improvisadas exorcistas la propinan una paliza y la intentan arrancar los ojos, convencidas de que si le arrancaban los ojos y se los colocaban a la niña reviviría. Con un dolor insoportable consigue huir de la habitación.

En este momento las tres mujeres caen en un extraño trance. Cuando la policía Ana Gonzalvez, hermana de Rosa, a los pies de la cama con la mano de la niña entre las suyas mientras repetía una y otra vez:

“No te vayas corazón, no te vayas corazón.”

En febrero de 1992 la Audiencia Provincial de Albacete dictó sentencia contra las acusadas. Rosa Gonzalvez y María Ángeles Rodríguez fueron ingresadas en un psiquiátrico, liberadas de la acusación de asesinato por trastorno mental transitorio. Mercedes fue absuelta "por no haber participado activamente en los hechos".

 

EXORCISMO EN ZARAGOZA

Pero los exorcismos no son cosas del pasado aunque muchos así lo consideran, en 2009 en Zaragoza los vecinos del bloque de viviendas de Tenor de Fleta asustados ante los lamentos proveniente de uno de los pisos decidieron avisar al padre del dueño de la vivienda, un español de 37 años que vivía con una joven indonesia de 27. Cuando los padres del propietario llegaron a la vivienda encontraron uno de los escenarios más macabros posibles. La joven indonesia estaba en la bañera tumbada en agua fría y con numerosas magulladuras en todo el cuerpo a todas luces magulladuras propinadas por su hijo, propietario de la vivienda.

Tras llamar a una ambulancia, sacaron a la joven de la bañera, la secaron con toallas y la pusieron toda la ropa de abrigo que pudieron para que entrara en calor.

En primera instancia todo parecía un caso más de violencia de género, pronto se dieron cuenta de que no era así, aquella chica había sido víctima de algún tipo de violento ritual exorcista.

La joven fue conducida al hospital Miguel Servet de la capital aragonesa sonde fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos. Su compañero reconoció haberla provocado aquellas lesiones y que ella se había sometido a aquellas vejaciones voluntariamente al pensar que estaba siendo sometida a un “exorcismo”.

El joven “exorcista” fue detenido y conducido al Hospital Clínico donde tras un rápido examen psiquiátrico se quedó ingresado en la unidad de Psiquiatría. Los padres del exorcista explicaron a las autoridades que su hijo padecía problemas psiquiátricos y que aquel no era el primer episodio violento que había sufrido.

Las propias autoridades reconocieron que los padres del joven “exorcista” habían salvado la vida de la joven indonesia con esa rápida reacción de acudir al domicilio de su hijo.

La chica se recuperó pronto en el hospital aunque esos primeros auxilios practicados por los padres fueron vitales.

Como vemos los casos de exorcismos se han dado y se darán en un futuro en España. Siempre que haya una religión que venere un Dios habrá un Demonio, la naturaleza en sí misma es binaria, en su contrapartida y cuando hay un demonio siempre existirán al menos culturalmente las posesiones y por lo tanto los exorcismos.