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El misterio de La calle mádita

Cuando se habla de la calle Antonio Grilo a mucha gente le viene a la cabeza el edificio cuyo portal esta marcado con el número 3 un edificio donde la sangre se ha derramado y de una forma brutal hasta 3 veces.

No es posible hablar de esta calle del barrio de Malasaña y pasar por alto este edificio, ya denominado como maldito,  sin embargo es solo la punta del iceberg que se oculta tras lo que ya nos atrevemos a llamar "La calle maldita".

Como no podía ser de otra forma tenemos que empezar por el número 3 que con 135 años oculta  entre cada uno de sus pisos 4 muertes a cada cual más escabrosa.

El día 8 de noviembre de 1945 la empleada del hogar llamada Manuela acudió como cada día a la casa de Felipe de la Braña Marcos, camisero de profesión y de 40 años.  Tras llamar a la puerta insistentemente y no obtener respuesta pasó una nota por debajo y se marcho aunque  intranquila. Al día siguiente volvió a acudir y al no responder nadie de nuevo, decidió llamar al hermano del dueño del piso que se presento con un cerrajero.

Tras la imposibilidad de abrir la puerta el cerrajero decidió acceder al piso por la ventana de un vecino. El espectáculo que se encontró cuando menos fue horripilante.  En la cama del dormitorio Felipe Braña yacía tumbado con la cabeza ensangrentada y apoyada en la pared. En su mano izquierda un mechón de pelo de su asesino que le fue arrancado en lo que a todas luces parecía una cruenta lucha.

Al día siguiente el diario ABC en una pequeña sección de "Sucesos de Madrid" publicaba la siguiente noticia:

« En el juzgado de Guardia se recibió ayer tarde un aviso de la Comisaría de Universidad dando cuenta de que en la calle de Antonio Grilo núm. 3,piso principal derecha, había sido hallado el propietario de dicho piso asesinado, al parecer, en circunstancias extrañas. »

Así comenzó a tejerse la leyenda de lo que años más tarde fue conocido como el "edificio maldito" pero esto era solo el macabro principio.

El 30 de mayo de 1962, Juana García Capitán, asistenta del hogar, del sastre José María Ruíz Martínez y que vivía en la calle Antonio Grilo 3 3º D, se encontraba plácidamente dormida cuando sintió los quejidos de su señora, Dolores Bermúdez Fernández, esta se dirigió al dormitorio del matrimonio. Al encontrarlo cerrado la criada toco a la puerta y pregunto si necesitaban algo.  José María Ruiz  la mando a la cama diciéndola que no pasaba nada. La mujer se extraño pero confiada se volvió a dormir. Veinte minutos más tarde el Sr. Ruíz la despertó bruscamente  pidiéndola que fuera a la farmacia a comprar un medicamento llamado "Insom-prolongado" que adquirió en una farmacia cercana de la calle San Marcos.

Tras volver de la farmacia se encontró cerrada la puerta de entrada al domicilio. Llamo al timbre pero lejos de abrirle la puerta José María Ruiz la hizo marchar de nuevo a la farmacia a comprar aspirinas. Tras volver de nuevo de la compra de aspirinas Sr. Ruiz la obligo a quedarse en el portal hasta que él la avisara.

Para Juana todo aquello resulto más que extraño por lo que decidió acudir a una vecina que la conto que sobre las seis y media, justo cuando ella se desplazaba a la farmacia, oyó unos gritos y que al llamar por teléfono para saber que pasaba, José María Ruiz justifico los gritos diciendo que una de las niñas había tenido una pesadilla y se había levantado sobresaltada.

Alertada Juana, acompañada de la vecina, se desplazo a la casa de la hermana de la señora, Dolores, que vivía en la calle Amaniel 22.  Ramona y su hermano decidieron acompañar a Juana al domicilio de su hermana y su cuñado. Al llegar a la entrada de Antonio Grilo vieron como la policía controlaba el acceso al número 3, a su edificio, y como los bomberos sujetaban una lona esperando que alguien pudiera caer al vacío.

Lo que sucedió desde las seis y veinte de la mañana hasta ese momento para Juana y sus acompañantes era algo desconocido pero sus venas se helarían cuando vieron como José María Ruiz vestido con un pijama ensangrentado asomaba a su balcón zarandeando los restos mutilados de uno de sus hijos mientras en la otra mano sujetaba una pistola. No conforme con esto se introdujo en el domicilio e hizo lo mismo con otros dos de sus hijos.

"Los he matado para no matar a otros canallas"

 Gritaba el parricida mientras zarandeaba a sus hijos. Ya en ese momento Juana se dio cuenta de la tragedia que había sucedido en el domicilio. Tragedia de la que la policía ya estaba alertada por el propio José María Ruiz que llamó al 091 sobre las ocho menos veinte de la mañana alertando de que había matado a su mujer y a sus cinco hijos.

La policía intento reiteradamente que el parricida abriera la puerta a lo que negó a no ser que se presentara un padre carmelita "ya que todos los de su familia descansaban felices".

La policía llevo hasta la vivienda a un padre carmelita, padre Celestino,  desde el Templo Nacional de Santa Teresa situado en aquel momento en la Plaza de España.

A pesar de haber cumplido con los deseos del homicida este siguió negándose a abrir la puerta por lo que el sacerdote tuvo que subir al segundo piso de Antonio Grilo 8, justo enfrente del balcón del domicilio de José María Ruiz.

Los intentos del padre Celestino fueron igual de infructuosos que los de los agentes de la autoridad. El tiempo pasaba y José María Ruiz parecía cada vez más fuera de sí. Unos minutos más tarde los agentes que vigilaban en la puerta del domicilio oyeron un disparo. Temiéndose lo peor los bomberos y varios agentes violentaron la puerta, lo que vieron en el interior de aquel domicilio no se les olvidaría durante el resto de su vida.

En el dormitorio de matrimonio el cuerpo de Dolores Bermúdez Fernández se encontraba tumbado en el suelo en el lado izquierdo de la cama sin vida. En un "moisés" situado a los pies de la cama se encontraba el cuerpo de Susana la hija menor del matrimonio que contaba con dos años y que había sido brutalmente degollada.

En el cuarto de baño se encontraba el cuerpo de María Dolores de catorce años, la mayor de los hijos, muerta de un disparo en la garganta mientras intentaba huir de su padre encerrándose en el baño.

En una de las habitaciones interiores yacía el cuerpo sin vida de Adela de doce años y finalmente en una habitación que daba a la calle el cuerpo degollado de José María de diez años y de Juan Carlos de 5 años fallecido de un disparo.

Nunca se pudo explicar cuál fue el motivo que llevo a José María Ruiz a cometer tan horrendos crímenes. Si bien tras las investigaciones se concluyo que  el negoció que gestionaba el padre, la sastrería, funcionaba perfectamente, la familia no tenía ni deudas ni problemas graves y todos los que conocían el matrimonio hablaban de una pareja intachable.

El hecho de que el edificio se hubiera cobrado en pocos años 7 víctimas sin motivos aparentes para tener que morir comenzó a tejer una leyenda que todavía hoy no tiene explicación.

Pero el mal que rodeaba a esas casas, a ese edificio, a aquella calle todavía no se daba por satisfecho y cuando los vecinos del maldito número 3 comenzaban a recuperarse del horrible parricidio el destino volvió a jugarles una mala pasada.

El 10 de abril de 1964 Pilar Agustín Jimeno de veinte años dio a luz en su casa situada en la calle Antonio Grillo 3. Mientras la vida salía de su interior se dio cuenta que en una época donde una madre soltera era repudiada tenía que hacer algo para ocultar su deshonra. Había conseguido que nadie se diera cuenta del embarazo pero un bebe sería mucho más difícil de ocultar.

Apenas pudo tener al bebe en sus brazos agarro su cuello entre sus manos apretando hasta que se aseguro de su muerte. No teniendo suficiente con esto y con el fin de ocultar el cadáver del bebe lo escondió en el cajón de una cómoda donde fue descubierto por una hermana que aterrorizada ante lo que había hecho denuncio los hechos a la policía.

Así fue como con 8 muertes entre sus paredes el edificio del portal nº 3 de la calle Antonio Grilo forjo su fama de "Edificio maldito". Sin embargo y pese a que así se ha creído durante muchos años no solo el "3" se forjo esa fama sino toda la calle en sí misma y fue mucho antes de que estos crímenes sucedieran.

Es cierto que hoy en día el edificio en sí mismo es una balsa de aceite de hecho alguno de los vecinos con los que tuvimos la suerte de poder hablar nos dicen que muy alejado de sentir o de tener experiencias extrañas entre las paredes del "3" se respira paz.

Por desgracia se volvió complejo el poder avanzar todo lo que hubiéramos deseado en nuestra investigación ante la negativa de muchos vecinos que hartos de la desagradable visita de muchos periodistas, que solo buscan carnaza para radio y televisión, y que no tienen en cuenta que para los vecinos aquello no es solo la historia de un edificio es  el edificio en el que viven y que solo desean tranquilidad.

Pero la calle Grilo nos deparaba sorpresas y deseábamos poder avanzar sobre ellas por lo que nos pusimos manos a la obra para intentar averiguar que paso allí.

El 14 de julio de 1909 Ramona Díaz Castillo paralitica de cincuenta años se presento en la calle, todavía no maldita, en busca de su marido convencida de que este tenía un afer con una joven que vivía en algún número de esta. Tras llegar a la esquina con San Bernardo vio a su marido conversando con la joven, que no vio venir a Ramona que arrojo vitriolo que llevaba en un frasco. Por suerte en esta ocasión la "muerte" no pudo cumplir el cometido que en Antonio Grilo tenía y el vitriolo callo solamente en sus ropajes.

Así comienza una escalada que recorrio cada rincón de Antonio Grilo y que sorprende a propios y ajenos.

El 2 de Marzo de 1915 paseaban tranquilamente por la calle Antonio Grilo. Ángel Gómez Castellanos junto con su novia Emilia Navas Cirujano a pesar de la tranquilidad de la calle ambos iban algo nerviosos ya que la pareja anterior de Emilia, Daniel Yagüe Segovia, les había sorprendido unos minutos antes en la cercana calle Pez muy borracho y con ganas de bronca. Costo bastante a la pareja que el ex novio olvidara la idea de que tomaran una copa con él, pero aquel encuentro les dejo nerviosos.

Cuando la pareja llego a la altura de la esquina con San Bernardo. Ángel sintió un fuerte golpe por la espalda acompañado de un intenso dolor en el cuello, pudo entonces girarse para ver como Daniel huía por la calle Grilo.

Se llevo la mano al cuello para comprobar que sangraba abundantemente y poder notar el cuchillo que se encontraba clavado en él.

La pareja nunca imaginó que los celos de Daniel pudieran llegar a aquel punto pero así fue. Ángel fue llevado a la casa de socorro de "Universidad" por el sereno Antonio Rodríguez y poco tiempo después entraba en quirófano donde fallecía a causa de la puñalada.

Así la sangre comenzó a correr entre los adoquines que formaban su suelo y así comenzó lo que ya si podemos llamar la leyenda de "La calle maldita".

Pero si hay un caso que me llamo la atención de los muchos de los que tuvimos noticia y pudimos contrastar fue el que he dado en llamar el "crimen de la casa del juego".

El 27 de noviembre de 1920 a media tarde se presento en el "Circulo Republicano", situado en la calle Antonio Grilo con San Bernardo, un individuo pidiendo al encargado la cantidad de cincuenta pesetas para poder tratar la enfermedad de su hijo, se especulo en su momento que el hombre podía haber perdido bastante dinero jugando en la sala que fue sometida a una redada dos días antes, evidentemente el encargado se negó a lo que el individuo respondió disparándole cuatro veces con una pistola.

Como vemos la calle crecía en violencia y maldad. Ganandose su maléfico nombre mientras la gente lo ignoraba y como era razonable continuaban su vida.

El 17 de abril de 1926, Eladiio Pascual Alonso, Antonio San Martín del Hoyo y Antonio Rivera Osorio se encontraban en la taberna de un amigo suyo Roqué Gómez Frutos situada en la calle Antonio Grilo entre el número 7 y 9.

Los amigos bromeando simularon que atacaban al dueño de la taberna que respondió cogiendo un sifón con la intención de rociar a sus parroquianos lo que provoco que los amigos salieran precipitadamente de la taberna para ponerse a salvo.

Fue la mala suerte la que hizo que en la precipitada salida chocaran contra un transeúnte, Lorenzo Tablada Velázquez, que en aquel momento pasaba por la puerta del bar. Los gritos dieron lugar a la discusión que llevo a Lorenzo a asestar una navajazo en el pecho  a Eladio Pascual. Tras esto intento apuñalar a Antonio San Martín pero la intervención de la gente que pasaba por allí lo impidió.

El agresor en ese momento intento huir pero fue finalmente fue detenido y en su declaración alego actuar en legítima defensa.

Como vemos esta calle tiene mucho que contarnos si las paredes de sus edificios nos pudieran hablar. Pero todavía tenemos que ahondar en un misterio del que pocos investigadores se han percatado.

Si hablamos de un edificio maldito no solo debemos hablar del nº 3 de Antonio Grilo sino también de su número 11, supongo que ahora los lectores no entenderán nada.

Existen muchos tipos de maldiciones y no todas tienen que empezar y acabar en el mismo lugar en muchas ocasiones son arrastradas y acaban igualmente en amargos tragos. Creo que un par de ejemplos nos permitirán entender todo esto.

El 25 de diciembre de 1913 Un mendigo Mariano González Jiménez fue atropellado por un tranvía en la calle Carranza. Mientras intentaba cruzar de una acera a otra no vio el tranvía número 211 y su conductor Gregorio Peña no pudo detener el vehículo llevándose por delante a Mariano que tuvo que ser trasladado al hospital de la Princesa.

Hasta aquí un accidente de los muchos que sucedían en la época y de hecho no hubiera llamado mi atención de no ser porque Mariano González Jiménez tenía su domicilio en la calle Antonio Grilo 11.

Los accidentes ocurren a todas horas, pensé, y todos los accidentados viven en algún lugar y eso solo significa que se tiene mala suerte. Al menos eso quise pensar.

El 16 de mayo de 1975 a las 4 de la madrugada sucedió un accidente de tráfico, en el kilometro cinco ochocientos de la que llamaban la carretera de Castilla, al chocar un coche con un camión conducido por Carmelo Yaze Ayeldo. Tras el choque, el coche matrícula M-582124 comenzó a arder muriendo en su interior carbonizado el conductor y resultando gravemente herida  María Jesús Gutiérrez Gutiérrez, la acompañante, que casualmente vivía en la calle Antonio Grilo 11.

Como muestra vale un botón y aquí os traemos una caja entera. ¿Qué tiene esta calle donde las desgracias se acumulan y la sangre corre por sus edificios, por sus adoquines, por sus negocios, atosigando a su gente? ¿Qué maldición calló sobre esta calle o fueron simplemente casualidades? ¿Porque llegado un momento aquel maleficio paró al menos aparentemente?

Esas son respuestas que todavía no se pueden dar pero que quizás algún día podemos ofreceros porque mientras haya preguntas, nosotros buscaremos las respuestas.

 

Una investigación de Ángel Jiménez & Antonio De La Peña