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El crononauta Rudolph Henz

Si bien el misterio es algo que me lleva rodeando toda mi vida y la necesidad de desvelar la verdad de todo aquello que se nos muestra oculto me ha acompañado a lo largo de los años. Tengo que reconocer que de todos los misterios siento especial atracción hacia aquellos que nos hablan del viaje en el tiempo.

Sería algo increíble poder desvelar la verdad sobre cientos de acontecimientos que marcaron el pasado o simplemente poder asistir no solo como un mero espectador a lo que nos depara el futuro. Conocer el secreto de la construcción de las pirámides Egipcias, el nacimiento de Cristo y un largo etcetera.

Son muchas las historias que nos hablan de posibles viajeros en el tiempo desde fotografías de planos cinematográficos de películas de los años 30, hasta testimonios de personas que dicen venir de un hipotético futuro. Desgraciadamente son historias fácilmente desmontables y si bien cuando las conoces te llenan de emoción en cuanto escarbas en ellas mínimamente se desmontan como un castillo de naipes.

Sin embargo hoy quiero hablaros de un caso muy peculiar que a pesar de tener una explicación llama la atención y parece ser un autentico caso de viaje en el tiempo. Tan autentico se ha considerado que después de tanto tiempo sigue circulando por internet como una verdad absoluta. Por esto no puedo resistir haceros llegar el caso de Rudolph Fenz.

La historia nos lleva hasta una calurosa noche de un día indeterminado de junio del año 1950  en la ciudad de Nueva York. El reloj marcaba aproximadamente las 23:15 cuando los transeúntes  de Time Square se vieron sorprendidos ante la aparición de un extraño personaje vestido al estilo de finales del XIX, parece como salido de un museo. El extraño personaje parece desubicado y se encuentra situado en mitad del cruce sin aparentar temor ante los coches que amenazan con sesgar su vida.  Lo inevitable sucede y un coche arroya al extraño personaje que muere en el asfalto de la neoyorkina avenida.

Nada anormal hasta ahora, al menos nada lo suficientemente anormal que no hayamos podido leer en cualquier crónica de sucesos  de cualquier ciudad del mundo.

El personaje no hubiera pasado a la historia y se hubiera convertido en un borracho para algunos, un loco para otros y no abría llenado más que algunas páginas de periódicos cuyo principal objetivo sería el satisfacer el morbo de los lectores con los escabrosos detalles del atropello, posiblemente la mayoría de ellos inventados.

La diferencia de este suceso al de cualquier otro atropello es que múltiples testigos aseguraban que el hombre apareció de la nada, que varios segundos antes en el lugar donde fue atropellado no había nadie y nadie la había visto llegar a la mitad del cruce.

Pronto llego la policía y desde el principio comenzaron a sospechar que el accidentado tenía algo extraño que les hacían pensar en que aquello no era simplemente una muerte accidental. El muerto vestía con un grueso abrigo, muy inadecuado para el caluroso verano, un chaleco inmaculadamente limpio, unos zapatos puntiagudos con hebillas de metal y de no haber estado muerto hubiera sido la mofa de todos los agentes ya que parecía sacado de una fiesta de disfraces que invitaba a disfrazarse como en los tiempos pasados.

Las sospechas se confirmaron cuando el cuerpo fue trasladado a la morgue. Fue en el depósito cuando al vaciar los bolsillos de la victima las sospechas tomaron forma:

-          Un contrato de alquiler del cuidado de un caballo y el lavado de un carro, tirado por una caballeriza de Lexington Avenue.

-          Unos 70 dólares de viejos billetes.

-          Unas tarjetas de visita con el nombre de Rudolf Fenz y una dirección en la Quinta Avenida.

-          Una carta enviada a la dirección que figuraba en las tarjetas de visita en junio de 1876 desde Filadelfia.

Al parecer el accidentado y desgraciadamente fallecido se llamaba Rudolph Fenz o así rezaban sus tarjetas de visita.

El capitán Hubert V. Rihm del departamento de personas desaparecidas La policía intento encontrar a sus familiares, buscándole en todos los registros de la ciudad ese nombre pero no encontraron nada. Nadie conocía a ese hombre en la dirección que figuraba en la carta y en aquel momento esa dirección pertenecía a un negocio. Sus huellas dactilares no habían sido registradas, no había ningún seguro medico a su nombre y absolutamente nadie había denunciado su desaparición.

Alejado de desanimarse el capitán siguió buscando, nadie aparece de la nada, tenía que haber algún dato sobre aquel desconocido. Justo cuando se encontraba a punto de tirar la toalla y mientras ojeaba una abandonada guía de teléfonos de 1939 encontró a un "Rudolph Fenz Jr.". En primera instancia pensó que podía ser una casualidad pero en su desesperación se dio cuenta que nada tenía que perder.

Se dirigió a la dirección indicada en la guía telefónica pero el señor Fenz Jr. no vivía ya allí según le informaron sus vecinos el hombre de unos 60 años se había trasladado de domicilio tras su jubilación en 1940 sin embargo uno de aquellos vecinos pudo informarle de donde trabajaba y esto fue una pista definitiva.

El señor Fenz Jr. al parecer trabajaba en un banco y fue allí donde le informaron que habia fallecido hacia cinco años pero que su viuda seguía viva todavía y que vivía en Florida.

Como era evidente el capitán se puso en contacto con la viuda que le conto que el padre de su difunto marido desapareció en 1876 cuando tenía 29 años. Al parecer un día salió a dar un paseo y no volvió de él. Tras muchos esfuerzos policiales  por localizarle fueron en vano y la familia se resigno ante su desaparición.

El capitán Rihm se dirigió a comprobar los archivos de personas desaparecidas de la época en que se suponía que el señor Rudolph Hentz. Allí encontró la ficha de su desaparición. La descripción de su aspecto, edad, ropa y objetos personales correspondían a la de aquel individuo que aquel día de junio de 1950 fue atropellado en Time Square.

En unos tiempos donde que te declararan como mentalmente incompetente era algo relativamente frecuente, Rihm, marco el caso como "sin resolver" y nunca hizo oficiales los resultados de su investigación.

Esta historia ha sido considerada así durante muchos años y así ha sido transmitida. Un hoax que internet se encargo de extender y que muchos medios de comunicación transmitieron como una información válida. ¿Pero qué validez tiene una historia que puede ser encontrada en internet con hasta diez versiones diferentes, aun manteniendo el corazón de la historia?

Lo primero que se hace extraño es el hecho de que esta historia sea muy conocida en España pero prácticamente desconocida en Estados Unidos, donde se supone que está el origen de esta historia. Esto puede ser tomado como síntoma claro de tratarse de una leyenda urbana pero tal vez no sea suficiente como para afirmar que no es cierto.

Lo segundo es que de todas las referencias al caso solo una venía de un artículo en ingles, el resto eran referencias de internet. Es evidente que un caso habría tenido muchísima repercusión en la prensa neoyorkina de la época, no por el viaje en el tiempo sino por lo peculiar de las características del personaje atropellado pero no fue así. ¿Extraño no?

El motivo de la cantidad de gente que conocía el caso en España nos remonta a 1979 cuando Joaquín Gómez Burón publico un libro llamado "Los enigmas pendientes", donde se hablaba del caso Fenz como algo real y estaba abalado por un montón de pruebas indiscutibles tras de sí - Hemos de admitir que el hecho de que este libro formara parte de la colección "Biblioteca básica de los temas ocultos" del Dr. Jiménez del Oso ayudo a la credibilidad sin parangón de lo que se contaba en su interior. Después de Burón y aprovechando el tirón que comenzó a tener en España todo lo misterioso y paranormal fueron decenas las publicaciones que se hicieron eco del caso de nuestro crononauta. Todo el mundo que leía esas publicaciones se creía a pies juntillas la existencia de Henz como viajero en el tiempo sin embargo nadie vio nunca las pruebas de las que estas publicaciones hablaban.

Burón fue el primero en España pero en realidad el solo tiraba de un hilo en el caso Henz, este hilo era "Le livre du mystère" de Jacques Bergier y Georges H. Gallet en 1975 que a su vez se nutria de otras fuentes y así sucesivamente. Unas fuentes llevaban a otras hacia atrás en el tiempo pero también de un país a otro. Es curioso ver como cada fuente le iba añadiendo detalles únicos y no disponibles en la fuente original y así transformaba la historia un poco.

Finalmente el origen de la espiral de esta leyenda parece situarse en un artículo de junio de 1972 del " The Journal of Borderland Research", publicado en Estados Unidos, donde su autor Vicent H. Gaddis habla por primera vez del caso citando como su fuente a Ralph M. Holland de la revista Collier's.

Tras llegar a este punto y tras conocer quién era Ralph M. Holland todo se aclara un poco más. Holand es un periodista norteamericano nacido en 1899 que publicó varias historias de ciencia ficción en varias revistas incluida la suya "The Science-Fiction Review". En sus tramas se mezclaba mitología pseudoufológica con relatos de la Atlántica o Lemuria. Con el caso Henz o Henzt, Holland pretendía llamar la atención sobre su perspectiva sobre la "cuarta dimensión" y apoyado por Borderland intento crear una leyenda permanente, a tenor de lo visto podemos decir que cumplió su objetivo.

Sin embargo y aunque creamos estar ante el creador del caso Henz, y por lo tanto ante  quien creó un mito que hoy mucha gente considera una realidad , no es cierto. Holland se baso en un relato corto de ficción de Jack Finney llamado "Estoy asustado" y que fue publicado en 1951.

Ahora si podemos afirmar que la fantasiosa historia de Rudolph Fentz salió de la portentosa mente de Finney cuyo tema favorito era curiosamente el viaje en el tiempo.

Aunque para muchos es un desconocido no lo es dentro del mundo de la ciencia ficción de hecho podemos reseñar que la película "La invasión de los ultracuerpos" está basada en uno de sus relatos cortos publicado en Collier's.

De nuevo cae el pilar de la creencia del viaje en el tiempo pero se levanta la de la demostración de la verdad. PEro haya paz que de poco va a servir a estas alturas la creencia de la existencia de Henz como crononauta esta tan extendida que las pruebas de poco sirven miles de personas seguirán creyéndolo porque simplemente no harán nunca por conocer la verdad porque en su interior creen conocerla y es esa fantasía que lleva tantos años extendiéndose como la pólvora.

Para aquellos que como yo prefieran saber la verdad aquí la tienen por mucha lástima que nos dé el no poder creer ya que un día hubo un viajero del tiempo.